EL LUGAR DE LOS HIJOS





La relación entre padres e hijos es uno de los factores que causa mayores alteraciones al interior de la familia. La distancia generacional entre padres e hijos es cada vez mayor, generando diferencias de todo tipo, lo cual origina crisis en la vida de familia. Esto, unido a la promulgación de leyes que han dado derecho a los hijos para revelarse contra los padres, ha llevado a que se presente una lucha de poder al interior de la familia.

Lo interesante es que en la Biblia están revelados los principios que deben gobernar el comportamiento tanto de los padres como de los hijos. Allí se enseña a los padres a como educar a sus hijos y a éstos se les orienta acerca del comportamiento que deben tener frente a sus padres.

Aunque en la Biblia ya sea había predicho que en estos tiempos se presentaría un distanciamiento entre padres e hijos (2 Ti. 3:1-5), también es cierto que dentro del propósito de Dios estaba que la familia viviera en armonía en la medida en que tanto los unos como los otros cumplieran con lo que les corresponde. Él espera que haya relaciones sanas entre padres e hijos. Es así como el Señor mismo se compromete a ayudar para que éste propósito se alcance:

“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos,

y el corazón de los hijos hacia los padres...”

Malaquías 4:6

Por todo esto es que las familias cristianas necesitan promover esos principios bíblicos que traerán paz al interior de la familia.


I.- EL PROPÓSITO DE DIOS CON LOS HIJOS

El propósito de Dios al dar hijos a una familia tiene que ver con Su deseo de mostrar su favor con el hombre y la mujer. Él quiere compartir la experiencia de criar hijos. A diferencia de cómo algunos piensan, los hijos no son dados para sobrecargar a los padres, ni para hacerlos sufrir inútilmente. Los hijos tampoco son accidentes de la naturaleza.

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de

estima el fruto del vientre...”

Salmo 127:3-5


Los hijos son regalos dados por Dios a los padres con el propósito de que en ellos sea multiplicada la imagen con la que Él creó al genero humano. Ese era el deseo de Dios expresado en Génesis 1 después de crear al hombre a su “imagen y semejanza”. Es decir que en la medida en que se reproducían ellos debían multiplicar esa imagen, esa dependencia de Dios, en las futuras generaciones.

También es cierto que Dios confía en que los padres tienen la capacidad de educar a sus hijos en los principios establecidos por Él. De allí que la responsabilidad directa de criar y educar a los hijos le corresponde a los padres y no a la iglesia, al colegio, al estado o los abuelos, aunque todos ellos les sirvan de apoyo. Esa crianza debe proveerse dentro del marco de una relación sólida, armoniosa, y fructífera.

Dios no interviene directamente en la crianza de los hijos, pero cuando los padres asumen esta solemne responsabilidad con fe y buen ánimo, Dios añade su bendición. Esa es una responsabilidad que no se puede eludir, pues sobre ella Dios pedirá cuentas. Todo padre debe cumplir con su responsabilidad, pues si se cumple a cabalidad la gracia de Dios se verá sobre los hijos. Una señal de amor hacia Dios será la buena crianza de los hijos.


“Y amará a Jehová tu Dios de todo tu corazón.....
Y éstas palabras que y yo te mando hoy, estarán
sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y
hablarás de ellas estando en tu casa.....”
Deuteronomio 6:5-7

Un ejemplo del deseo de Dios para los padres es el contraste que se encuentra en la Biblia entre un buen padre como Abraham, en quién Dios confiaba pues él “mandaría a sus hijos y a su casa después de sí, que guardaren el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio...” (Gn. 18:19); y un mal padre como Elí, quién no educó a sus hijos de acuerdo a los principios divinos, pues él “honró más a sus hijos que a Dios..... y no los estorbó” (1 S. 2:29; 3:13), por lo cual Dios los castigó.

Por todo lo anterior es que al criar a los hijos en los principios bíblicos, los padres están cumpliendo con el propósito de Dios. El comportamiento de los hijos no se puede dejar al azar, como si se tratara de una lotería. Los hijos son el resultado de lo que sus padres hagan con ellos.


II.- ASPECTOS QUE SE DEBEN TENER EN CUENTA.

Teniendo en cuenta que la tarea de orientar y formar adecuadamente a los hijos es un trabajo difícil que requiere de una dedicación sería a lo largo de muchos años, se deben tener en cuanta ciertos aspectos a la hora de desarrollarla.

1.- La relación entre esposos es prioritaria.

Durante muchas décadas la relación entre padres e hijos ha sido enfatizada con tal fuerza que las prioridades de los esposos muchas veces han sido dejadas de lado fácilmente.
Contrario al concepto cultural que enseña que la paternidad es lo más importante para lo cual fue creado el ser humano; el relato de la creación afirma que cuando Dios los creó la primera tarea que le asignó no fue la de ser padres sino esposos. Esto dice mucho acerca del error que cometen algunos matrimonios cuando le prestan demasiada atención a los hijos, descuidando su relación de pareja.
Aunque lo uno no excluye a lo otro, si es cierto que la prioridad para los esposos está en cultivar su relación matrimonial llena de amor y de la presencia de Dios, esto garantizará el éxito en la educación de los hijos. Del mismo modo, los padres tienen que tener presente que los hijos nunca deben ser motivo de división entre ellos, mas bien deben ser un vínculo de unión entre los esposos

Los esposos deben ser conscientes de que su labor como padres es cuestión de 18 o 20 años, mientras que su papel como pareja dura toda la vida. El matrimonio es permanente, “hasta que la muerte los separe”, mientras que la paternidad es algo pasajero.

2.- La naturaleza pecaminosa del hombre.

El hecho de que los hijos necesiten ser formados implica que por naturaleza no se inclinan hacia el bien. La educación de los hijos busca la transformación de la naturaleza pecaminosa con que nace todo ser humano (Ro. 5:12). Es cambiar ese corazón inclinado a la maldad por un corazón aceptado por Dios.

De allí que la crianza de los hijos deba fundamentarse en los principios dados por Dios. Para cumplir fielmente con ésta tarea los padres necesitan entender el propósito de Dios, obedecer su voluntad y ejercer fe por sus hijos.


“La necedad está ligada en el corazón del muchacho;
mas la vara de la corrección la alejará de él”
Proverbios 22:15


“He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado
me concibió mi madre”
Salmo 51:5


3.- La crianza apunta a tres metas.

Para que los hijos alcancen una formación adecuada antes de la edad adulta, los padres deben enfocar bien su tarea desde el principio. Las metas más importantes hacia las que deben apuntar son:

Guiarlos a tener una relación personal con Dios. Los hijos necesitan tomar conciencia de que forman parte de la familia de Dios para ser incentivados a agradar y honrar al Señor. El hecho de que los padres sean cristianos no quiere decir que los hijos también lo sean, ellos deben ser guiados a tener un encuentro íntimo y directo con Dios. “Dios no tiene nietos”.

Formación del carácter. Toda persona debe desarrollar la capacidad de enfrentar las responsabilidades de la vida, y eso se da por la crianza de los padres. En el hogar se adquieren la autodisciplina, la autoestima y el dominio propio, aspectos del carácter necesarios para lograr los objetivos en la vida. Los hijos deberán aprender a controlar sus sentimientos y gustos, y sujetar sus propios intereses a otros mayores. Además necesitan fundamentarse en una sólida base moral.

Formación social. La familia también debe proveer la instrucción para que los hijos aprendan a vivir en comunidad. Los hijos precisan alcanzar una clara conciencia de su propia identidad y aprender a desenvolverse socialmente en forma correcta y agradable. Al mismo tiempo deben saber asumir compromisos con otros y brindarse a los demás.

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere
viejo no se apartará de él”
Proverbios 22:6

4.- Cada hijo es único.

Aunque puede parecer obvio, a la hora de formar a los hijos, los padres deben considerar el hecho de que todos los hijos no son iguales.
Cada hijo es único, no hay dos hijos iguales, así como tampoco se parecen a los de nadie. Los padres generalmente le brindan amor y atención en la misma medida a todos los hijos, sin embargo ellos responden en forma diferente a la crianza que éstos les dan. Los padres deben descubrir y reconocer las particularidades de cada hijo como algo positivo, ayudándolo en su desarrollo y respetando su propia personalidad.


Por esto que los padres deben apelar a la sabiduría divina para descifrar la forma de acercarse y enseñar a cada uno de ellos. Dios los conoce y sabe de que forma deben ser educados pues El mismo los creó (Sal. 139:13-18).


III.- DEBERES DE LOS PADRES

La medida del cumplimiento del propósito divino para el matrimonio, por parte de los cónyuges, de alguna forma se evidenciará en la formación de los hijos. El aporte más serio y efectivo a las futuras generaciones será la buena formación y crianza de los hijos.

1.- Proveer un ambiente propicio.

Proveer un ambiente que conduzca a la adecuada formación de los hijos no implica lujos o cuestiones materiales, sino atención, esmero y constancia. Un ambiente propicio para la crianza de los hijos comienza con el amor que se tienen los esposos. Lo mejor que un padre puede hacer por sus hijos es amar a su cónyuge.

El ambiente en que se educan a los hijos también tiene que ver con el sitio que se escoge para vivir y las personas con las que se les relacionan. Estos aspectos influirán en el futuro de los hijos. Pero quizás lo más importante es el ejemplo que los padres le dan a los hijos, pues ellos aprenden más viendo que escuchando. Muchos padres que se quejan del comportamiento de sus hijos, argumentando la buena educación que les han dado, no se percatan de que el comportamiento de ellos mismos con los abuelos de los hijos no es consecuente con lo que han querido enseñar.

“El hijo sabio recibe el consejo del padre; mas el
burlador no escucha las reprensiones”
Proverbios 13:1

2.- Amar y valorar a los hijos.

Todo ser humano necesita de amor y valoración para la formación de su carácter.

Los hijos necesitan sentirse importantes y valorados por sus padres. El amor hacia los hijos también se debe demostrar de la forma como se mencionó en el capítulo siete “Expresando Amor”, es decir que los padres deben expresar el amor a sus hijos verbal y físicamente. El abraso, el beso, las palabras de ánimo, la inversión de tiempo para estar con los hijos y escucharlos; así como los detalles materiales deben hacer parte de la forma como los padres le expresan el amor a sus hijos.


Del mismo modo los esposos deben dedicar más tiempo y esfuerzos para desarrollar sus propias personalidades y relaciones. Si el esposo y la esposa son felices el uno con el otro, ese contentamiento se trasmitirá a los hijos. Nada es más básico para la felicidad y el sentido de valor de los hijos que el amor mutuo entre los esposos. Los hijos aprenden el amor viendo el amor entre sus padres.

La valoración en los hijos también comienza en la medida en que los padres se valoran a sí mismos. Los padres deben aceptar a los hijos tal como son, con su propio sexo, color de cabello, tez, personalidad, aún con sus defectos. Los hijos perciben desde muy temprano en la vida si son aceptados o rechazados por sus padres. Por esto la afirmación y valoración de los padres es la que más cuenta para los hijos, de allí que el reconocimiento sincero deba darse en el momento oportuno, sin demora, sin esperar que esa afirmación venga primero de personas ajenas a la familia.

“Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no
se desalienten”
Colosenses 3:21

Existen formas prácticas por medio de las cuales los hijos se sentirán valorados y aceptados:

Cuando los padres les permiten participar en las tareas de la casa. Por eso los padres deben asignar responsabilidades a los hijos de acuerdo a la edad de éstos.
Cuando los padres no los sobreprotegen, sino que les conceden el derecho a equivocarse.
Cuando los padres respetan y aceptan las elecciones de sus hijos, sus opiniones y sus amistades. También cuando les permiten expresarse por sí mimos delante de otros.
Cuando los padres le dedican tiempo y suplen para las necesidades de sus hijos, les están demostrando lo importante que es para ellos la familia.
- Cuando los padres afirman los logros de sus hijos, aquellas cosas que alcanzaron con esfuerzo, y los alaban por las cosas que hicieron por iniciativa propia están valorando a sus hijos.

3.- Brindarle seguridad a los hijos.

Otra de las necesidades fundamentales de los hijos es la de sentirse seguros en su hogar y el ambiente que los rodea. De allí que los conflictos constantes entre los esposos, la ausencia de alguno de ellos, la critica frecuente, la falta de disciplina, y aun el cambio constante de la residencia, son aspectos que crean inseguridad en los hijos.

Los hijos se sienten seguros cuando ven un amor constante entre sus padres, al igual que cuando le demuestran un amor sincero sin condiciones. La unidad y el orden familiar en cuanto a los criterios de los padres, las tareas y funciones en la casa, así como los horarios crearán un sentido de seguridad en los hijos.

Cuando se ponen límites a través de una disciplina adecuada, como se verá más adelante, aportará a la seguridad de los hijos. También la estabilidad en el sitio de residencia hará que los hijos tengan sentido de pertenencia y así se sientan seguros en su hogar.

“Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino
criadlos en disciplina y amonestación del Señor”
Efesios 6:4

4.- Instruirlos para enfrentar la vida.

Sin excepción todos los padres anhelan un buen futuro para sus hijos, sin embargo, muchos desconocen la clave para que ese sueño se realice. La Biblia dice que la clave para que a los hijos “les vaya bien y sean de larga vida sobre la tierra”, ellos deben “obedecer y honrar a su padre y a su madre” (Ef. 6:1-3). Esta verdad debe llevar a los esposos a instruir a sus hijos de acuerdo a los principios bíblicos, comenzando por los Diez Mandamientos.

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se
alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”
Exodo 20: 12

La instrucción de los padres hacia los hijos debe comenzar enseñándoles el respeto y la honra hacia los mismos padres. Los hijos sólo aprenderán esto en la medida en que los padres se lo enseñan. El respeto y la honra hacia los padres es fundamental, pues quien cumple con ello está respetando y honrando directamente a Dios. Por eso al instruirlos para enfrentar la vida los padres no sólo deben enseñarles destrezas y oficios, sino instruirlos en el temor de Dios. Esta instrucción requiere del mutuo respaldo entre los esposos.

La instrucción debe ir acompañada de la oración por los hijos. Dios honra la oración ferviente y constante de los padres por sus hijos. La oración deben hacerla los esposos en unidad. David Hormachea ilustró esta realidad en la siguiente frase:


“Antes de hablarle a mis hijos de Dios, debo hablarle a Dios de mis hijos”

La instrucción debe apuntar especialmente a formar un carácter moral en el hijo: honestidad, justicia, perdón, generosidad, respeto por los demás, buen criterio, pudor, modestia, diligencia, responsabilidad, etc. Por eso se deben aprovechar todas las circunstancias de la vida para reafirmar y reforzar estos valores morales, éticos y espirituales.

La instrucción para enfrentar la vida debe incluir la concientización sobre los peligros que se pueden llegar a presentar (abusos, drogas, etc.). Así mismo los padres deben cultivar los dones y talentos en sus hijos para guiarlos en el momento de definir su profesión. Los padres no deben pretender que sus hijos sean lo que ellos no pudieron llegar a ser, sino que deben guiarlos a desarrollar su propia vocación.

Otros aspectos sobre los cuales los padres deben prestar especial atención al instruir a sus hijos, son aquellas áreas más trascendentales, tales como:

Realizar trabajos y cumplir órdenes.
Servicio y ayuda a los demás.
Resolver problemas y conflictos con otros.
Establecer amistades y desarrollar buenas relaciones con el sexo opuesto.
Vencer la tentación y desarrollar un sentido de dignidad moral.
Manejo del dinero y el tiempo.
Responsabilidad y constancia en los estudios y empleo.

Finalmente se debe recordar que en cuanto a la instrucción, nada es más importante que el buen ejemplo de los padres. Muchos que no son consecuentes “borran con el codo lo que escriben con la mano”.

5.- Poner límites y establecer una disciplina adecuada.



Como se anotó anteriormente, uno de los aspectos que se deben tener en cuenta en la crianza de los hijos es su naturaleza pecaminosa que los impulsa a hacer el mal. Por esto al educar a los hijos se deben establecer límites y una disciplina adecuada lo cual ayudará en la formación del carácter y a moldear la conducta de los hijos.

Todo ser humano necesita tener límites para enfrentar la vida, sólo así sabrá hasta donde puede ir sin afectar a otros. La disciplina de los hijos es responsabilidad de los padres y se debe aplicar de acuerdo a la edad. Al contrario de lo que muchos piensan, la disciplina es una demostración del amor de los padres, pues ellos buscan moldear el carácter de sus hijos.

“Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al

hijo a quien quiere”

Proverbios 3:12





“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas
el que lo ama, desde temprano lo corrige”
Proverbios 13:24

El propósito de la disciplina no es destruir a los hijos sino llevarlos al arrepentimiento, a la obediencia. La disciplina es mucho más que información pues apunta a la formación de la persona, por eso hace énfasis en la corrección. La palabra “disciplina” viene de la misma raíz que “discípulo”, términos que significan instruir, educar o capacitar.

Los hijos necesitan aprender a obedecer la palabra de sus padres; es la palabra de Dios para ellos. Los hijos sufren cuando falta la disciplina paterna. Por eso el castigo justo alivia su sufrimiento, ya que los libra del sentimiento de culpa o del cargo de conciencia.

Debido a que el castigo muchas veces hace parte de la disciplina, éste debe ser manejado con mucha sabiduría. El castigo por la mala conducta no produce automáticamente una buena conducta, de allí la necesidad de ser consistentes al aplicar la disciplina. La disciplina incluye educación y restricción, por medio de diferentes métodos.



“Es verdad que ninguna disciplina al presente

parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero

después da fruto apacible de justicia a los que

en ella han sido ejercitados”

Hebreos 12:11

La disciplina en la familia es un área que se debe manejar con sumo cuidado pues de no ser así lo más seguro es que generará conflictos, no solo con los hijos, sino también entre los esposos.

Pautas útiles para aplicar disciplina.


Los padres deben tener en cuenta ciertas pautas al momento de aplicar la disciplina en el hogar.

1. Los padres tienen que mostrar unanimidad en cuanto a la disciplina. Los esposos deben respaldar y no contradecir a su pareja cuando se aplica la disciplina. Cuando esto sucede se está desautorizando al otro.

2. Antes de aplicar la disciplina se deben establecer reglamentos claros y realistas, nunca arbitrarios. Al establecer normas, estas deben darse a conocer. Los padres deben dar ejemplo en el cumplimiento de las normas.

3. Si se vive con otras persona, como abuelos o parientes, ellos también tienen conocer las normas y no deben involucrarse en la aplicación de la disciplina.

4. Dependiendo de la edad, los hijos pueden ser involucrados en el establecimiento de las normas y las consecuencias por el incumplimiento de las mismas.

5. Hay que recordar que así como se disciplina, también se tiene que reconocer y recompensar a los hijos por su buena conducta. Generalmente es más fácil regañar y reprochar que afirmar con palabras de reconocimiento.

6. Antes de disciplinar se deben escuchar las explicaciones de los hijos.

7. Es prudente no tomar medidas disciplinarias en la mesa. Durante las comidas se debe fomentar una atmósfera de armonía.

8. La disciplina no se debe aplicar dependiendo de las emociones o el estado de ánimo, pues esto hará que las normas se endurezcan o se ablanden, creando inseguridad en los hijos.

9. Se debe exigir el cumplimiento de las normas en forma justa y constante, así los hijos aprenderán a obedecer pues creen en sus padres.

10. La disciplina no se debe aplicar después de horas y horas de amenazas, pues esto hace perder la credibilidad. No hay que demorar la disciplina pues se produce ansiedad.

11. Se debe escoger el método de disciplina adecuado. El castigo físico no siempre es necesario, pero muchas veces se debe usar como se menciona en la Biblia. “La vara” se utiliza cuando el niño no acata una orden, por rebelión, u otra ofensa seria. Si aplica el castigo físico, asegúrese de que el objeto sea flexible y liviano para no dañar la integridad del hijo.

12. Puede disciplinarse con la perdida de privilegios, o con el simple llamado de atención. No es bueno amenazar con la perdida de comunión (Pej: “no quiero verte”), pues produce alejamiento. Tampoco es bueno amenazar con la perdida del amor de Dios, pues ellos deben aprender que el amor de Dios es incondicional. Al castigar no se debe obligar al hijo a hacer cosas que deberían provocarle alegría (ir a la iglesia, leer la Biblia, etc.).

13. Se debe recordar que los hijos no son iguales pues unos responden más fácil a los consejos y a la amonestación, mientras que otros necesitan del castigo.

14. La disciplina no se debe aplicar en público, pues se puede llegar a avergonzar o a humillar a los hijos delante de los presentes.

15. También se debe tener cuidado de no ridiculizar, o usar el sarcasmo o la burla para disciplinar.

16. Al aplicar la disciplina, los padres no deben ser ni muy permisivos, ni muy autoritarios, hay que tener equilibrio. Cuando se es autoritario y severo, se producirán reacciones de rebeldía en los hijos. Cuando se es permisivo, los hijos gobiernan la casa.

17. La disciplina no se debe aplicar con ira o amargura. Se debe esperar hasta estar calmado y controlado, pues las decisiones impulsivas generalmente hacen que después se tenga que lamentar.
18. Cuando los padres de equivocan en la aplicación de la disciplina no deben demorarse en pedir perdón. Esto no les quita autoridad sino que los acercará a los hijos, y ellos los verán como personas normales.

19. Después de aplicar la disciplina es importante iniciar el proceso de reconciliación, el cual incluye la oración y el perdón. No se debe prolongar excesivamente el castigo.

20. El orden correcto al aplicar la disciplina es:

Explicación ---- Castigo ---- Oración ---- Perdón ---- Reconciliación

“Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no
se apresure tu alma para destruirlo”
Proverbios 19:18

Bendiciones

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