EL PERDÓN



Como se vio en el capítulo anterior acerca del Manejo de los Conflictos, todos los matrimonios enfrentan situaciones difíciles causantes de problemas, que de no solucionarse pueden generar conductas tales como heridas, resentimiento, amargura y aislamiento. Es por esto que dentro del manejo de los problemas en todo matrimonio se tendrá que aprender tanto a perdonar como a pedir perdón.

Un hecho real es que cuando nos relacionamos con alguien siempre nos exponemos a ofender o a ser ofendidos. Las heridas más profundas y las más difíciles de perdonar son aquellas que viene por conflictos con los seres más queridos. Así mismo la mayor dificultad que enfrentan los matrimonios es la de abandonar la amargura y ofrecer y aceptar el perdón.

El perdón es el aceite lubricante en las relaciones, reduce las fricciones y permite que los individuos se aproximen. Por muy hábil que sea una persona, si no sabe perdonar, no podrá entablar relaciones íntimas con nadie. Del mismo modo una persona rencorosa será incapaz de formar relaciones profundas y duraderas, y estará destinada a la soledad. Alguien que no puede perdonar vivirá del recuerdo de conflictos sin solucionar, creando barreras a su alrededor para protegerse del temor a ser herido.


“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de
Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y
por ella muchos sean contaminados”
Hebreos 12:15

En el matrimonio, un esposo o una esposa rencorosos destruirán la posibilidad de alcanzar una relación íntima y trasparente. Cuando alguno de los dos es rencoroso y guarda resentimiento en su corazón el otro vivirá con el temor de ofenderle, llegando a limitar la comunicación. Por eso la meta de un matrimonio cristiano será la de poder vivir con la seguridad de que se puede fallar vez tras vez ante los ojos del cónyuge y aún así ser amado y plenamente perdonado.

I.- DEFINICIÓN

Existen muchas definiciones para el perdón. De una manera sencilla se puede definir como: “amnistiar, indultar, remitir una deuda, quitar una barrera y efectuar la reconciliación”. También se puede considerar el perdón como: “hacer un borrón y cuenta nueva, cancelar el castigo, abandonar el resentimiento, aceptar personalmente el precio de la reconciliación, y renunciar a todos los derechos sobre quien lo ha herido y liberarse de las consecuencias emocionales del agravio”. Perdonar, como dice Mateo 18:23-35, es “ser movido a misericordia para olvidar la deuda”.

Neil Anderson dice que:

“Perdonar es decidir vivir con las consecuencias
del pecado de otra persona. Pagamos el precio de la maldad que perdonamos. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que vamos a vivir con esas consecuencias, lo queramos o no. Las únicas opciones son decidir si lo haremos con amargura al no perdonar o con libertad al perdonar”.

Perdonar, además de verbalizar, es renunciar a las consecuencias emocionales de la herida recibida; significa que el resentimiento desaparece, a pesar de lo mucho que disfrutamos aferrándonos a los sentimientos de rencor. “Perdonar es poder vivir con el recuerdo de lo que pasó sin que esto me haga daño”.

Perdonar es un verbo activo que no nos permite sentarnos a esperar que el cónyuge se arrepienta. Así como Cristo dio el primer paso para morir por nosotros cuando éramos pecadores restaurando así nuestra relación con Dios, perdonar a otro significa dar ese primer paso para sanar la herida y restaurar la relación. (Ef. 1:5-7; Fil. 2:5-11).


II.- EL PERDÓN EN EL PACTO MATRIMONIAL

En el capítulo uno se habló del Pacto Matrimonial como aquel compromiso, que adquirían los esposos con Dios, de vivir en su relación de acuerdo al principios divino para el matrimonio. En el Pacto Matrimonial Dios juega un papel activo, de allí que se diga que “el matrimonio cristiano está compuesto por tres”: Dios, esposo y esposa.

El perdón es probablemente una de las áreas donde más se evidencia la presencia de Dios en el Pacto Matrimonial. Para poder experimentar el perdón en el matrimonio se requiere de la acción del Espíritu Santo en la vida de los cónyuges. Fue Jesucristo quién enseñó con su propia vida sobre como se debía perdonar. Es por esto que para hablar del perdón en el matrimonio necesitamos ser guiados por El Señor y su Palabra.

La base del perdón está descrita en 

1 Pedro 1:18, 19:

“sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana
manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres,
no con las cosas corruptibles, como oro o plata, sino
con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero
sin mancha y sin contaminación”

La base sobre la cual Dios nos perdona no es algo que hayamos hecho, sino por lo que Jesucristo es y por lo que hizo en la cruz. Jesucristo pago el precio por el perdón de los pecados de toda la humanidad. Todos somos sus deudores. El perdón hace parte del carácter de Dios. Cualquiera, pues, que no acepta el perdón de Dios para su vida, o que se niega a perdonar a otros, está separándose a sí mismo del perdón de Dios.


“Jehová fuerte, misericordioso y piadoso; tardo
para la ira, y grande en misericordia y verdad”
Exodo 34:6


El Pacto Matrimonial entre Dios y los esposos se hace evidente en la exigencia de perdonar en la misma medida en que Dios los perdonó. En el “Padre Nuestro” (Mt. 6:9-14) Jesús enseñó a sus discípulos que en la medida en que ellos perdonaran a quienes los ofendían, igualmente Dios les perdonaría a ellos. También les dijo que debían aprender de la misericordia de Dios hacia ellos (Lc. 6:36). El apóstol Pablo dijo que una evidencia de “la nueva vida” en Cristo estaba en imitar el ejemplo de perdón del Señor (Col. 3:13).

Todo matrimonio debe saber que la medida del perdón entre ellos está determinada por su Pacto Matrimonial. Ellos se perdonan porque Cristo primero los perdonó, porque el precio por el pecado del cónyuge ya fue pagado. Porque la gracia de Dios los capacita para perdonar hasta la ofensa más grave. El perdón se da en el matrimonio por obediencia, pues perdonar es un mandamiento, y si no se perdona se está desobedeciendo al Señor y se está incumpliendo con el Pacto.

“sed benignos unos con otros, misericordiosos,
perdonándoos unos a otros, como Dios también
os perdonó a vosotros en Cristo”
Efesios 4:32


El perdón en el matrimonio debe ser como el de Jesucristo:

Es un perdón absoluto e inmediato.
Es un perdón incondicional.
Es un perdón por gracia.
Es un perdón que reconcilia.
Es un perdón que da el primer paso.
Es un perdón que vuelve a confiar.
Es un perdón que da vida.
Es un perdón por decisión y no por sentimientos.


III.- LA IMPORTANCIA DEL PERDÓN

El perdón es especialmente importante porque permite que El Espíritu Santo obre con libertad en la vida de la persona. Un esposo o una esposa cristianos que perdonan le están dando vía libre al Señor para que los dirija en su relación. Mientras se tiene una actitud de perdón se tendrá una buena relación con Dios, y mientras se tiene una buena relación con Dios se podrá perdonar con facilidad.

La importancia del perdón también está en el hecho de que quien perdona es el primer beneficiado. Quien tiene una actitud de perdón se estará librando del resentimiento y de la posibilidad de que nazca en su vida una raíz de amargura. Cuando perdonamos estaremos sanos emocionalmente y podremos relacionarnos libremente con otras personas (2 Co. 2:10, 11).

Cuando se perdona se está pasando del temor y la culpa al amor, llegando a aceptar al otro como es y no como quisiéramos que fuera. El perdón hace que la relación matrimonial sea duradera y que se pueda vivir aún siendo diferentes. El perdón hace que se pueda ver al cónyuge con ojos diferentes, con los ojos de Dios.


“Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor;
porque el amor cubrirá multitud de pecados”
1 Pedro 4:8

El perdón en el matrimonio cristiano también es importante porque permite dar testimonio de la obra redentora de Jesucristo no sólo en la vida de los cónyuges, sino también en la relación de pareja. Ese testimonio animará a otros matrimonios a buscar la dirección de Dios para su relación.


IV.- DIFICULTADES PARA PERDONAR

Para nadie es un secreto que perdonar no es fácil. Tanto perdonar como pedir perdón se nos dificulta. Esa dificultad se hace mayor dependiendo de muchos factores los cuales están estrechamente relacionados con nuestro nivel de “autoestima”. Veamos algunos de esos factores:


1.- La inseguridad (baja autoestima).

La inseguridad en sí misma, o la baja autoestima, hará que una persona no pueda experimentar el perdón pues siempre pensará que lo que hizo fue tan grave que el perdón que se le está otorgando no es genuino. Del mismo modo, le será difícil perdonar pues su baja autoestima le hará vivir temeroso de volver a ser herido u ofendido, prefiriendo vivir con el rencor en su corazón. Esta actitud lo puede llevar a la autocompasión, impidiéndole volver a perdonar a quien lo ofendió. La imposibilidad de perdonar en una persona insegura le puede proporcionar un falso sentido de seguridad (Ro. 12:2).


2.- El resentimiento.

Muchas personas que han sido heridas en el pasado albergan resentimiento llegando a experimentar una especie de placer. De allí que una de las razones por las que se dificulta perdonar es por que se goza albergando el “derecho al resentimiento”. Aquí la ira y el resentimiento se van acumulando llevando a la pareja a vivir de los recuerdos negativos del pasado, imposibilitándoles para vivir plenamente el perdón, pues ninguna alegría presente les podrá hacer olvidar el pasado (Ef. 4:26 ,27).


3.- La autojustificación.

Generalmente cuando se ofende al otro se proyecta la culpa. En este caso la persona justifica su acción esgrimiendo su derecho a hacer lo que hizo, negándose a pedir perdón, pues él tiene su conciencia tranquila, aumentando así la amargura en el otro (1 Co. 4:4). El autojustificarse puede degenerar en una actitud de “orgullo” que en nada ayudará para restaurar la relación. Otra razón, muy unida a la justificación, es la actitud que puede tomar el ofendido de llegar a pensar que quien lo ofendió no es digno de su perdón.


4.- Los deseos de revancha.

Algunas veces el deseo de venganza o de revancha es el motivo por el cual no se quiere perdonar. Simplemente se desea ver el fracaso y el sufrimiento de aquel que nos ofendió, para estar tranquilos de que las consecuencias de su falta lo afectan tanto como nosotros. Un razonamiento que lleva a la falta de perdón es el reclamar “justicia” para el ofendido. El deseo del desquite impedirá vivir una relación gobernada por la gracia.


“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno
delante de todos los hombres. Si es posible en
cuanto dependa de vosotros, estad en paz con
todos los hombres.....”
Romanos 12:17-19

V.- LO QUE INCLUYE EL PERDÓN

Son muchos los aspectos que están incluidos al perdonar y al pedir perdón. Como se mencionó anteriormente, para experimentar el perdón en la pareja se necesita de la obra del Espíritu Santo, de no ser así el perdón puede llegar a ser malentendido y no se alcanzará el propósito de Dios para el matrimonio. Cuando se involucra al Señor en el perdón matrimonial El se encargará de sanar y restaurar la relación. El hace su parte y espera que los esposos hagan la suya (Jer. 31:34; Ec. 3:15)

1.- Obediencia.

Ya se dijo que el perdón es un mandamiento, una decisión, por lo tanto no se puede reducir al mero sentimiento. Tampoco se perdona esperando a que el otro cambie, si esto no sucede igual estamos llamados a perdonar. Se perdona por obediencia a Dios y no por que lo sienta o no, o por que el otro haya hecho méritos o no. Por eso es fundamental que el perdón se otorgue, ofrezca o reciba sin demora (Mt. 5:38-48).

2.- Humildad y Autonegación.

Perdonar implica “renunciar” a nuestros derechos. Es estar dispuestos a aceptar las consecuencias de lo que pasó. Para perdonar o pedir perdón se necesita desarrollar una actitud de humildad. Sólo así se podrá enfrentar la situación, llegando a aceptar la culpa cuando hemos ofendido, o volviendo a confiar en el otro cuando somos los afectados. Así mismo se debe ser humilde para estar dispuesto a perdonar cuantas veces sea necesario (Mt. 18:21, 22).

3.- Arrepentimiento.

Quien pide perdón deberá tener una actitud de arrepentimiento frente a la situación. Deberá estar dispuesto a tener un cambio de actitud frente al otro. Sin embargo, para perdonar no se tiene que esperar a que aquel que ha ofendido se arrepienta y pida perdón. El Señor enseña que así como El tomo la iniciativa para perdonar al ser humano sin que éste se hubiera arrepentido, igual nosotros debemos hacer con aquellos que nos ofenden.


“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas
de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu
ofrenda delante del altar y anda, reconcíliate primero
con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.....”
Mateo 5:23-24

4.- Reconciliación.

El objetivo último del perdón será la reconciliación de la pareja. Se tiene que alcanzar la restauración de los cónyuges, de los hijos, de toda la familia, y en general de todas aquellas personas que se fueron afectadas (2 Co. 5:18-19). La reconciliación implica que la pareja sea sana, librándose del resentimiento, la amargura, el dolor, el deseo de venganza, y en general de todos aquellos sentimientos negativos. Además implica, como se anotó anteriormente, que se puede llegar a vivir con el recuerdo de lo que pasó sin que les afecte (Sal. 147:3).

5.- Amor.

Si bien es cierto que cada uno de los anteriores aspectos que están involucrados en el perdón se relacionan entre si, todos sin excepción deben llevar a que el amor de la pareja se perfeccione. Aunque se necesita tiempo para perdonar, después de lograrlo el matrimonio experimentará una renovación en todas las áreas, lo cual evidenciará un crecimiento en la relación.

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor,
estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”.
1 Corintios 13:13

VI.- PASOS PARA ALCANZAR EL PERDÓN

Teniendo claro que en el matrimonio cristiano la meta no es ser indiferente ante los problemas, ni tampoco negarlos. Se deben seguir unos pasos que ayudarán a la pareja a alcanzar el perdón.

1.- Trabaje en su propia vida.

Perdonar no es el primer paso. Comience examinando su propia vida para ver si hay heridas del pasado, sentimientos, o aún pecados que hicieron que reaccionara como lo hizo. Al buscar al Señor en oración, El los guiará y los consolará en este paso (Sal. 19:12-13).
También debe examinarse para ver si necesita perdonarse usted mismo o para aceptar el perdón de Dios para su vida. No olvide que para amar a otros antes debe amarse usted mismo. Esto le ayudará a ser objetivo cuando se confronte con su cónyuge (Mr. 12:31).
En oración confiese sus pecados, y sane sus heridas del pasado (1 Ti. 1:5).
Revistase de su nueva naturaleza. Vístase de Cristo (Col 3:1-14).



2.- Trabaje en su actitud frente a su  cónyuge.

Teniendo el corazón sano y limpio vuelva a analizar la situación, sobretodo viendo cómo usted forma parte del problema (Mt. 7:1-5).
Si usted es el ofendido debe perdonar a su cónyuge, aceptando que debe amarlo a pesar de lo que pasó. Probablemente llegue a pensar que usted tiene la razón, pero recuerde que muchas veces debemos renunciar a nuestras razones, pues la relación es más importante que la razón.
Si el otro es el ofendido, probablemente usted buscará autojustificarse o negará el problema. De ser así debe recordar que así usted no este afectado, es responsables de reconciliar a su pareja (2 Co. 5:18).
Si usted es consciente de su falta comience por cultivar una actitud de arrepentimiento (Mt. 3:8).

3.- Reúnanse para hablar.


“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad
unos por otros, para que seáis sanados. La oración
del justo puede mucho”.
Santiago 5:16

Aquí se deben recordar las pautas dadas para el manejo de conflictos. Recuerden buscar el momento, el sitio y las palabras adecuadas (Stg. 3:1-12).
Deben acercarse con una actitud de humildad. No se buscan vencedores ni vencidos, se busca restaurar la relación.
Si necesitan la ayuda de una tercera persona cerciórense de que sea alguien maduro y objetivo (Mt. 18:15-16).
Si usted fue quién ofendió, confiese su falta sin demora y pida perdón.
Hagan “reclamos responsables”, confrontando al otro sin buscar culpables. Busquen llegar a acuerdos o a negociar las situaciones.
Perdónense mutuamente, consolándose el uno al otro.


4.- Restauren la relación.

Restaurar la relación implica estar dispuestos a morir al temor de herir y ser heridos (1 Jn. 4:20).
Además del perdón mutuo, también se debe comenzar a cultivar la aceptación mutua. Se debe estar dispuesto a correr el riesgo de confiar mutuamente.
La restauración también incluye el crecimiento en la comprensión y en una mejor comunicación.
Finalmente, pidan la ayuda del Señor para que su amor sea perfeccionado en ustedes, y su relación matrimonial sea afirmada, de tal forma que los recuerdos del pasado no los afecten (Ef. 5:1-2).

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor
echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo.
De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”
1 Juan 4:18

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