LA SEXUALIDAD



El tema de la sexualidad es uno de los más importantes en la relación matrimonial, pero no es el más importante. Este tema es visto generalmente desde dos puntos de vista extremos. Por un lado están los que ven la sexualidad con una óptica humanista y hedonista, para quienes es algo puramente biológico.


 Para ellos simplemente se debe dar vía libre a los deseos e impulsos sexuales, solamente tratando de evitar que esa libertad cause demasiado perjuicio al prójimo. Otros han pretendido enfocar la sexualidad desde una perspectiva mística y mojigata, probablemente influenciados por un pensamiento griego, o una mala interpretación de los principios bíblicos. Para ellos el cuerpo es algo malo en si mismo y es el causante del pecado.


Necesitamos ver la sexualidad desde una óptica bíblica y realista. Debemos aceptar que el ser humano fue creado con sexualidad como varón y hembra, no es asexuado, ni hermafrodita, ni tampoco es unisexo. Todos sin excepción poseemos una sexualidad que desarrollamos a cada instante. La vigencia de la sexualidad comienza desde que nacemos y se expresa a través de la vida. La voluntad de Dios era que por lo menos la mitad de las personas creadas fueran sexualmente diferentes a nosotros. De allí que por más que tratemos de igualar al otro sexo ya sea en la moda, laboralmente, intelectualmente o en cualquier área, siempre seremos diferentes.



I.-. PRINCIPIOS BIBLICOS PARA LA SEXUALIDAD.


Muchos se resisten a pensar que la Biblia pueda contener principios que gobiernen la sexualidad en el matrimonio. Es por eso que en el pasado se intentó sacar de los escritos bíblicos un libro que representa mucho erotismo y sensualidad como es el de Cantar de los Cantares. Pero no sólo éste libro se ocupa de la sexualidad, como veremos a continuación, existen mucho pasajes que orientan acerca de éste tema.


1. Dios creó la sexualidad.


Cuando se lee en el libro de Génesis 1 y 2, se descubre que al contemplar su creación Dios 

“Vio todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno 
en gran manera” (Gn. 1:31). 

Esto incluía a la sexualidad pues aún el hombre no había caído, por lo tanto era inocente de pecado y maldad. El hombre había sido creado a la imagen de Dios con todas las partes de su cuerpo “buenas en gran manera”.
Dios creó al hombre y a la mujer como personas individuales, compuestas de espíritu, mente y cuerpo. Dios hizo que cada hombre y cada mujer fueran un alma, un yo, una unidad, una persona de intelecto (espiritual, mental, emocional, social, moral), diferente de los animales.

 Al mismo tiempo, los creó con cuerpos carnales (físicos, reproductivos, sexuales). Fueron creados con igual dignidad, de la misma esencia, pero con una realidad complementaria, es decir de dependencia mutua. Adán era completo en si mismo pero necesitaba el complemento de Eva, no sólo para reproducirse, sino para administrar la creación.

Dentro del plan creativo de Dios estaban incluidas las necesidades del hombre y la mujer. Fue por eso que El también creó los procesos mediante los cuales esas necesidades deben ser satisfechas. Dichas necesidades y procesos son mayormente buenos cuando se les deja funcionar de conformidad con el plan del Creador.



“ Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no
se avergonzaban”
Génesis 2:25



Para Adán y Eva el sexo era algo natural otorgado por Dios valioso y bello, y al ser proporcionado por El no era sucio, ni malo a menos de que los hombres lo empleen en esos términos (Tit. 1:15).

2.- La sexualidad se desarrolla dentro de una relación permanente.


Dios no sólo creó al hombre y a la mujer con deseos sexuales, sino que las Escrituras indican que en su plan estaba que se unieran en una relación social permanente y estable que llamamos matrimonio. La sexualidad era algo tan bueno a los ojos de Dios que por eso su máxima expresión se limitó al matrimonio (Gn. 2:24). La sexualidad debe desarrollarse dentro del matrimonio pues no se puede reducir a lo puramente biológico o reproductivo, sino que hace parte de la integralidad del ser humano que incluye otra áreas.



“Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de
tu propio pozo..... Sea bendito tu manantial, y alégrate
con la mujer de tu juventud, como cierva amada y
graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo

tiempo, y en su amor recréate siempre”.
Proverbios 5:15-19

En el concepto cristiano del matrimonio existe una relación “unicarnal” permanente entre un hombre y una mujer. Esta relación permanente es la que mejor satisface las necesidades del esposo, la esposa y los hijos. Ella proporciona la intimidad necesaria para la práctica del amor, la afinidad y la comprensión entre marido y mujer, y padres e hijos. Es en la familia donde el individuo afirma su identidad incluyendo su sexualidad.


3.- La sexualidad no es sólo para la reproducción.


Aunque la sexualidad es dirigida por Dios hacia la reproducción cuando les ordena: “fructificad y multiplicaos, llenad la tierra” (Gn. 1:28) también es cierto que estas palabras implican mucho más. Dios no sólo buscaba asegurar la perpetuidad de la raza humana, sino que pretendía que los seres creados se complementaran y crecieran en una relación reciproca e integral, donde no sólo se multiplicaban en número sino también multiplicaban su imagen y su carácter en las futuras generaciones.


Cuando Dios creó a la mujer, la primera necesidad que quiso suplir en el hombre no fue la de satisfacer sus deseos sexuales, El se dio cuenta de que el hombre necesitaba de alguien que lo acompañara y lo ayudara (Gn. 2:18). El hecho de que la sexualidad humana no se limita a periodos de celo en la hembra, como en el caso de los animales, deja en claro que al crear al hombre Dios quería ir mucho más allá. Dios le da al hombre la capacidad de ser responsable en el manejo de su sexualidad.


La sexualidad, como experiencia creada por Dios, no puede separarse de las actitudes y los sentimientos espirituales, emocionales y mentales. Una actitud de amor, ternura, y felicidad entre esposo y esposa estimula la expresión sexual. La importancia de desarrollar estas actitudes paralelas con la expresión sexual es un hecho sin discusión. Al mismo tiempo, la experiencia sexual es también física.


4.- La sexualidad busca una entrega mutua.


El Génesis puntualiza que el marido y la mujer “han de ser una sola carne” (Gn. 2:24). Jesús, reiterando este concepto del Antiguo Testamento, dijo: “los dos han de ser una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno” (Mr. 10:8). La naturaleza de esta unidad, “una sola carne”, es física y espiritual a la vez.

“Ser una sola carne”, como se vio en el capítulo dos, se refiere entre otros aspectos a la cópula sexual entre esposo y esposa. Esto implica que los dos tiene igualdad de derechos y de responsabilidades en el manejo de la sexualidad. Los dos están llamados a entregarse por completo. La sexualidad no es lo que sabemos sino lo que somos.


“El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y así
mismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad
sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene

el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino mujer”.
1 Corintios 7:3-4


La sexualidad se da dentro de un conocimiento mutuo (Gn. 4:1). Cuando Adán “conoció a su mujer” se unió a ella sexualmente y concibieron a su primer hijo. El término hebreo que se usa para la relación sexual, y especialmente para el coito es “yadá” que se traduce como “conocer” describe más que el acto físico. “Yadá” quiere decir “tratar cara a cara”, “cohabitar”, “descubrirse”, “darse a conocer”, “ser conocido”, “darse”, “descubrir algo intimo”, “comunicar algo”. Es decir que el sexo es una parte de la comunicación natural entre los esposos.

El conocimiento es múltiple, en la relación sexual cada uno llega a conocerse a si mismo, ya sea como hombre o mujer. También los dos se revelan el uno al otro. “Conocer” al otro implica que a través de la relación sexual, se da una relación de entrega total, de renuncia a los derechos, de entregar el control del cuerpo al cónyuge, donde se expresa el afecto más íntimo del cual los dos son capaces. Por eso no se puede aceptar que en la sexualidad haya egoísmo o un deseo de satisfacción propia. Dios diseño la sexualidad como algo que brinda crecimiento mutuo a los esposos.


5.- La sexualidad está diseñada para alcanzar placer.


Dentro del cristianismo, a través de la historia, muchos grupos han rechazado el concepto acerca de que Dios aprueba la sexualidad para placer del esposo y la esposa. Estos conceptos no descansan sobre principios bíblicos. Desde el mismo Génesis 18:12 se habla de “tener deleite” cuando se refiere a la relación entre Abraham y Sara, siendo aún ya muy viejos. Así mismo en el libro del Cantar de los Cantares, Salomón describe la máxima expresión del placer en la relación entre el esposo y la esposa.


El coito es, sin duda, el placer físico más intenso que el ser humano pueda conocer. Este placer está asociado estrechamente con la búsqueda de las condiciones óptimas para que los cónyuges alcancen su plena realización. Es aquí donde se experimenta el amor que “no hace nada indebido, no busca lo suyo.....Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co. 13). Los esposos deben invertir tiempo para ayudar a su pareja a alcanzar el placer deseado. Es decir que el acto sexual no es para cuando haya apuros, sino cuando haya tiempo suficiente para una entrega consciente y adecuada. Por eso es tan importante que tanto el hombre como la mujer sepan que su naturaleza es diferente y que cada uno responde a estímulos diferentes.



“Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra,
ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa
por un año, para alegrar a la mujer que tomó”
Deuteronomio 24:5

El que se hable de la sexualidad como un placer individual no significa que este proceso haya de ser exaltado ni elevado a niveles hedonistas. Si el placer sexual fuera un fin en sí mismo, como afirman los materialistas, las relaciones extramaritales serian completamente lógicas. El plan unificador exige que el placer sexual sea una experiencia mutua entre marido y mujer.


Según el plan creador, el placer sexual tiene como propósito unir al esposo y a la esposa en una relación vitalicia. De allí que la sexualidad se experimente con dominio propio. Sólo a través del dominio propio puede el hombre usar la sexualidad para glorificar a Dios, el valor del placer sexual está en su función. Su función es alcanzar la plenitud de la pareja dentro de los presupuestos divinos.


“Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de
la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol....”
Eclesiastes 9:9



6.- La sexualidad se maneja con decoro.

Así como se ha dicho que la sexualidad no se debe llevar a la exaltación del placer, también es cierto que se debe manejar con respeto. El coito no es un intrascendente o casual episodio. Es una profunda y substancial actividad de íntima naturaleza entre los hombres y las mujeres. Las relaciones sexuales son tan importantes y significativas en las relaciones humanas que demandan fidelidad, honor, respeto, dominio propio, y responsabilidad. El decoro es necesario porque la sexualidad es sagrada y personal.



“Que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa
en santidad y honor, no en pasión de concupiscencia,
como los gentiles que no conocen a Dios”.
1 Tesalonicenses 4:4-5

Las costumbres cambian constantemente a través del tiempo, es por esto que hoy la sexualidad ha dejado de mirarse con el respeto que se merece. Afortunadamente los principios creadores de Dios no cambian. Por eso el deber cristiano de “mantener un matrimonio honroso, y un lecho sin mancilla” (Heb. 13:4) sigue vigente hoy en día. El lecho marital debe ser considerado en gran estima, es un lugar sagrado donde la pareja se encuentra privadamente y alcanza su realización plena.



II.- DIFICULTADES PARA ACEPTAR LA SEXUALIDAD


Debemos comenzar por admitir que las dificultades al abordar el tema de la sexualidad no proviene del propósito inicial de Dios. Todo comenzó con la caída pues aún la sexualidad fue afectada por el pecado del hombre. 


Génesis 3:7 dice que después de comer del fruto los ojos del hombre y la mujer fueron abiertos y conocieron que estaban desnudos. Esto los llevó a la necesidad de cubrirse con hojas pues ya no se veían con la transparencia con la que habían sido creados originalmente. Después de la caída cambia la forma de mirarse entre los esposos, y eso incluía a la sexualidad. Fue entonces después de la caída que comenzaron las dificultades para aceptar la sexualidad.


La relación del hombre con su mujer comenzó a ser condicionada por las tradiciones y asuntos culturales. Estos aspectos unidos a una educación inadecuada han hecho que la sexualidad se haya convertido a través de la historia un tema “tabú”. Como se dijo al comienzo de esta lección el tema de la sexualidad siempre hace que haya polarización. Bien sea porque se toma con mucha libertad o porque se le da un tinte místico.


Muchas personas, especialmente los hombres, que han tenido en el pasado una vida sexual muy activa, quizás hasta la promiscuidad, tiene dificultad para enfrentar la relación de pareja. Los recuerdos de experiencias pasadas hacen que la relación sexual con el cónyuge esté condicionada. En estos casos se debe apelar a la obra del Espíritu Santo, al perdón de Dios, para alcanzar la libertad suficiente, de tal forma que se pueda entablar una relación sexual estable, sana y enriquecedora.


Cuando se mira la sexualidad como algo malo, esto hace que:
Se rechace por ser algo sucio y pecaminoso.
Se limite a la reproducción. 
Se vulgarice ocultándolo.
Se maneje con mentiras y poca transparencia.
Se considere como enemigo de la espiritualidad.
Se convierta en un “tabú”.



Cuando se magnifica la sexualidad a tal punto que se le rinde culto: 


Se enfatizan conceptos como el machismo y la virginidad.
Se aceptan las relaciones prematrimoniales, como un requisito para tener una buena relación de pareja.
Se reduce la relación de pareja a lo meramente físico.
Se admitan ciertas práctica que buscan la autorealización humana como el homosexualismo.
Se aprueban prácticas como el aborto, pues lo más importante es el placer.
Se pierde la esencia del compromiso en el matrimonio.



Existe dificultad para abordar el tema de la sexualidad porque:


La educación sexual que se recibe generalmente viene de agentes no autorizados (La TV, los amigos, las revistas, los chistes, el cine, etc).
Cuando se enseña la sexualidad con libertad, se hace sin moralidad y esto es peligroso.
Se ha tomado como algo individual y egoísta.
Se reduce sólo al instinto sin estar dispuesto a aprender sobre el tema.
Se ha vulgarizado por la pornografía, pensando que sólo afecta a los menores de edad.
Se han tenido tantas experiencias que se cree que ya conoce todo sobre el tema.
No se profundiza a cerca de lo que la Biblia dice al respecto.


III.- LO QUE NO INCLUYE LA SEXUALIDAD


La Biblia es clara cuando enseña sobre aquellos aspectos que se quieren considerar dentro del propósito de Dios para la sexualidad. También es clara al enseñar aquellas prácticas que son condenables:


El homosexualismo
El incesto
El aborto
La prostitución
El bestialismo
La masturbación
Las relaciones prematrimoniales.



IV.- SUGERENCIAS PRACTICAS PARA UNA BUENA SEXUALIDAD

Partiendo del enfoque bíblico teológico como fundamento, debemos reflexionar en forma profunda y realista sobre nuestra vivencia de la sexualidad. Veamos algunos aspectos que nos ayudarán a mejorar nuestra relación.


1. Comencemos por reconocer y aceptar que el sexo es bueno, y que es parte importante de la creación de Dios. Si no fuera así Dios no nos hubiera equipado con la capacidad para lograr la satisfacción sexual.


2. Aceptemos que no es pecado anhelar el goce en la relación sexual, y que esa satisfacción debe ser mutua.


3. Si se mantiene toda la relación de pareja en crecimiento, el sexo tenderá mejorar. Por eso es necesario sanar las heridas, los resentimientos y los enojos acumulados, antes de intentar “hacer el amor”.


4. Mantengamos la honra y el respeto por el cónyuge en asuntos de sexualidad.


5. Debemos aprender que el arte de la relación sexual no consiste en los métodos o prácticas, sino en la destreza y habilidad para alegrar al otro. Recuerden que una buena técnica sexual nunca cura una relación emocionalmente pobre.


6. La respuesta sexual comienza en nuestra cabeza y no en nuestros genitales, de modo que ese es el lugar donde incrementarse el valor del sexo.


7. Reconozcamos que los varones piensan más en el orgasmo, mientras que las mujeres se gozan más en el tiempo del galanteo y el relajamiento.


8. Se debe aprender la paciencia pues el acto sexual no es para cuando hay apuros. El tiempo no es el que pone las condiciones. Debe haber tiempo suficiente para una entrega consistente y adecuada.


9. Debemos vencer el temor a dialogar sobre el tema de la sexualidad. En la comunicación no debe escapar el área sexual. Si tenemos que sugerir, afirmar, reconocer que hay que mejorar, o manifestar que se está satisfecho hagámoslo.


10. Reconozcamos que no nos las sabemos todas y que necesitamos aprender más sobre el tema.


11. Aceptemos que como copartícipes de un deseo mutuo, debemos crear un ambiente propicio. Que los dos somos responsables de tomar iniciativas y de decidir de común acuerdo.


12. Descubran qué es lo que más disfrutan sexualmente cada uno de los dos y entrénense el uno al otro para aumentar al máximo el placer.


13. No se ataquen si en algún momento su respuesta sexual no es la esperada.


14. Como cristianos no debemos buscar parecernos a ningún otro matrimonio, seamos auténticos partiendo de los preceptos divinos.


15. Cultivemos el arte del romanticismo.


16. Recordemos que si Dios creó nuestra sexualidad, entonces El está interesado en que mejoremos, por eso no sintamos vergüenza de hablar sobre el tema con El.



“Alégrate con la mujer de tu juventud..... Porque los
caminos del hombre están ante los ojos de Jehová,
y el considera todas sus veredas”
Proverbios 5:15-21

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