MANEJO DE LAS FINANZAS


Pocas cosas provocan tanta tensión como el problema de las finanzas, y pocas cosas prueban más nuestra espiritualidad como el uso del dinero. La economía y las finanzas no sólo son materia de discusión a nivel nacional y mundial, sino que también son tema de discusión y tensión en el seno de la familia. Si un matrimonio logra un acuerdo familiar en cuanto a las finanzas ha alcanzado un gran triunfo.

Generalmente la forma como se maneja el dinero demuestra los valores que se tienen para enfrentar la vida. Y es que el dinero tiene un significado distinto para cada persona. Para algunos el dinero significa la provisión para las necesidades básicas de la vida. Para otros representa una forma de controlar o manipular a otras personas. Mientras que para otros el tener dinero es símbolo de prestigio y buena posición, o la clave para la felicidad. Otros ven el dinero como una oportunidad para servir a Dios y al prójimo.



“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también
vuestro corazón”

Mateo 6:21


I.- PRINCIPIOS BÍBLICOS PARA LAS FINANZAS.

Es necesario establecer a la luz de la Biblia las responsabilidades del matrimonio cristiano en cuanto al manejo de las finanzas en el hogar, incluyendo desde luego aspectos tan importantes como son el diezmo y las ofrendas.

Durante años se sostuvo que el tener dinero era sinónimo de poca espiritualidad, de tal forma que Dios enaltecía la pobreza. De allí surgió la idea de vivir pobremente, hasta el punto de llegar a tomar actitudes monásticas, donde se eliminan todas las posesiones materiales, haciendo votos de pobreza, y dedicándose al desarrollo de la vida espiritual.

Esta forma de pensar surgió de una mala interpretación de pasajes bíblicos que hablan sobre el tema. Uno de ellos es el que encontramos en 1 Timoteo 6:10 donde el apóstol Pablo le indica a su discípulo que “raíz de todos los males es el amor a dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe”. 


Allí se entiende claramente que el apóstol no se refería al hecho de poseer dinero o bienes materiales sino a la actitud que se tenía hacia ellos.

Por otro lado está el sistema capitalista, que ha influido para que el dinero se haya convertido en un fin, de allí que muchas familias se desestabilicen cuando no se tiene dinero o cuando éste es escaso. 


Este pensamiento también afecta a muchos matrimonios que por el afán de conseguir dinero para tener más comodidades descuidan otras áreas de interés dentro de la relación y la familia. De allí que se encuentren matrimonios estables económicamente, pero desdichados pues no cultivaron aspectos como el amor, el dialogo y el pasar tiempo juntos. 

Por razones como estas es necesario encontrar los principios bíblicos que gobiernan el tema de las finanzas en la relación de pareja.


“El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que
ama mucho tener, no sacará fruto”

Eclesiastés 5:10


1. Dios es el dueño de todo lo que poseemos.

Un primer principio que todos debemos aprender es que el 100% del dinero que poseemos es de Dios. En la Biblia existen muchos textos que apoyan este principio:


“De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los

que en él habitan”

Salmo 24:1




“Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los

ejércitos”

Hageo 2:8




“ Porque todas las cosas que están en los cielos y
en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino,
y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la
gloria proceden de ti, y tu dominas sobre todo...”
1 Crónicas 29:11-12

“A todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes,
y le da también facultad para que coma de ellas, y
tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de
Dios”
Eclesiastés 5:19

La administración sabia del hogar es posible cuando la pareja hace entrega completa a Dios, no sólo de su vida, sino también de lo que posee. Si llegamos al reconocimiento de que todo es de Dios y nada de lo que poseemos es nuestro, entonces tendremos una actitud correcta y la capacidad adecuada para administrar el dinero. Entreguen toda su capacidad para ganar dinero a Dios. Entreguen el “título de propiedad” de todos sus bienes.

2.- Nosotros somos administradores.

El ser humano fue puesto por Dios como mayordomo de su creación. Dios es dueño del 100%, no solo del 10%, sino que nos permite vivir con el 90%. Como mayordomos o administradores debemos actuar con responsabilidad, colocando nuestro corazón en Dios y no en las cosas materiales.

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia
y todas estas cosas os serán añadidas”
Mateo 6:33
El manejo de las finanzas en el hogar se torna más fácil cuando los cónyuges saben que Dios es el dueño de todo y asumen su papel como administradores. Esto es un duro golpe al materialismo que proclama que la equitativa distribución de la riqueza aliviará los problemas de la humanidad. También golpea al que cree que la adquisición de bienes le traerá satisfacción. La vida no consiste en la acumulación de bienes.

“Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda
nada podremos sacar”
1 Timoteo 6:7

“Como salió del vientre de su madre, desnudo, así
vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su
trabajo para llevar en su mano”
Eclesiastés 5:15

Quienes piensan que en la acumulación de bienes esta la respuesta, tienen que saber que nunca se tendrá suficiente dinero para satisfacer las necesidades. En la medida en que aumentan los ingresos también se crean nuevas necesidades que hacen que ningún dinero sea suficiente. Nuestro apetito económico crece mucho más rápido que nuestra capacidad para obtener lo que buscamos.

“Cuando aumentan los bienes, también aumentan
los que los consumen”
Eclesiastés 5:11

3.- El Trabajo es una bendición.

Muchos han entendido el trabajo como una consecuencia de la caída del ser humano, es decir que el trabajo fue dado por Dios como castigo. La verdad es que Adán trabajaba antes de la caída. Cuando le puso nombre a todo animal y a toda bestia ya estaba trabajando. El trabajo en sí mismo no es un fin sino un medio por el cual el hombre se sostiene (Pr. 6:6-11).

El trabajo es parte de la creación de Dios, por eso El espera que cada uno trabaje para ganar el sustento. Dios espera que trabajemos honestamente para que podamos aspirar a un salario justo. A través del trabajo podemos aspirar a mejorar nuestro estilo de vida. El trabajo es una bendición dada por Dios para que el hombre “señoree” la tierra y la gobierne responsablemente.

“No pondrás bozal al buey que trilla; y: digno es el
obrero de su salario”
1 Timoteo 5:18

“Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”
2 Tesalonicenses 3:10

“He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno
es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su
trabajo con que se fatiga debajo del sol”
Eclesiastés 5:18


4.- Debemos aprender el “contentamiento”.

Una actitud que Dios espera de sus hijos es que aprendan el “contentamiento”. Esto no quiere decir que los cristianos seamos conformistas. Dios ha puesto en nuestro corazón el impulso de la superación, por eso debemos esforzarnos por una superación económica, buscando nuevas oportunidades para proveer mejor para la familia, cuidándonos de la codicia y la avaricia.

El “contentamiento” tiene que ver con nuestra actitud de dependencia total de la misericordia de Dios. El “contentamiento” es aprender a vivir del “pan nuestro de cada día” sabiendo que el Señor puede darnos mucho más en la medida en que dependemos de su buena voluntad. Es buscar primeramente el reino de Dios y Él añadirá aquellas cosas que sabe que necesitamos.

El “contentamiento” nos llevará a crecer en una actitud de agradecimiento con Dios y nos librará de la envidia. Además nos librará de la ansiedad y las presiones por desear tener más cosas, y podremos vivir descansados dependiendo del Señor. Cuando estamos contentos con lo que tenemos podremos ver las necesidades de otros y así ayudaremos a los necesitados.

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de
contentamiento..... así que, teniendo sustento y abrigo,
estemos contentos con esto”
1 Timoteo 6:6-8

5.- Aprendamos a ser fieles con Dios - diezmando.

Quizás el área que más nos cuesta entregarle al Señor es el área financiera. Sin embargo, uno de los principios de la vida cristiana en los cuales expresamos nuestro amor a Dios es la fidelidad con nuestros bienes. El Señor mismo promete que si sus hijos lo honran con sus bienes El será fiel con ellos.

“Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de
todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con
abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”
Proverbios 3:9-10

La fidelidad a Dios incluye la ofendas para la iglesia y para personas necesitadas (Hch. 2:44-45; 4:32), así como también el pago del diezmo (Dt. 14:22; Mal. 3:6-12). Esta actitud debe nacer de los corazones agradecidos de los esposos y debe ser enseñada a los hijos. Ellos aprenderán que todo lo que tienen viene de la mano de Dios y aprenderán a ser agradecidos y generosos (2 Co. 9:7), por eso es bueno involucrarlos en el plan de ofrendas.


II.-SUGERENCIAS PARA EL MANEJO DE LAS FINANZAS.

El manejo de las finanzas en el hogar no
depende de la cantidad de ingresos que se tienen en la familia, pues con altos o bajos ingresos se deben desarrollar pautas que traigan tranquilidad a los miembros de la familia y permitan un estilo de vida que responda a las necesidades de cada miembro.


1.- Los ingresos son propiedad de ambos cónyuges.


Todos los matrimonios debemos recordar constantemente los votos que nos hicimos ante el Señor en el altar. Esos votos incluían la renuncia y a la vez entrega al otro de todas las posesiones materiales, de allí que para un buen manejo de las finanzas y los bienes materiales en el hogar debemos comenzar por aceptar que todo lo que hay en la casa es de los dos. Recordemos que el mandato de “señorear la tierra” (Gn.1:28) se le dio tanto al hombre como a la mujer.

Martín Lutero decía:

“Entre los esposos no deben existir las palabras mío y
tuyo, sino nuestro”

El hombre, y la mujer si genera ingresos, debe despojarse del celo por el dinero. Si el dinero es de juntos, así mismo se debe decidir de común acuerdo. En el matrimonio no debe haber espacio para secretos sobre asuntos económicos los dos deben conocer en que se gasta el dinero. 


Esto requiere de una muy buena comunicación entre la pareja. Generalmente dentro de la pareja uno de los dos es mejor administrador que el otro, se debe descubrir quien es y desde luego se le delegarán mayores responsabilidades en el manejo de las finanzas.

Un principio que ha servido a muchos matrimonios para un optimo manejo de sus finanzas es el de tener un sólo fondo del cual se paguen las cuentas y se planeen las metas. De ser posible cada uno debe manejar una suma de dinero para gastos personales. Si dentro de la familia hay hijos que trabajan, también se les debe enseñar a aportar algo de sus ingresos para el hogar.

2.- Aprendan a vivir bajo un presupuesto familiar.

La mayoría de las familias viven sin hacer presupuestos de gastos y cálculo de recursos.

Esto de debe probablemente a una falta de ordenamiento dentro del hogar, o a los bajos ingresos que no les permiten ni siquiera satisfacer sus más elementales necesidades de alimentación, vestido, y educación. Sin embargo, está comprobado que si una familia no tiene control de sus gastos, ni planea, nunca le alcanza lo que gana, sea un sueldo bajo, promedio, o elevado.

Hacer un presupuesto es parte de las enseñanzas dadas por el Señor Jesucristo:


“¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se

sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que

necesita para acabarla? No sea que después que haya
puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que
lo vean comiencen a hacer burla de él”.
Lucas 14:28-29

Un presupuesto es un plan elaborado para organizar y manejar debidamente los gastos de la casa. Este se hace con base en las metas financieras que nos hemos trazado. 

Esas metas deben ser reales y alcanzables. Algo importante es que el presupuesto se hace sobre el papel y no mentalmente como muchos acostumbran. Hacer un presupuesto es mucho más que escribir, es sentarnos a dialogar, expresando opiniones y tomando decisiones sabias.

Puede ser que la familia no tenga entradas fijas, pero se debe considerar que muchos gastos si son fijos, de allí que al hacer un presupuesto se deben tener en cuenta los ingresos, los gastos fijos y la cuentas por pagar. 

Si los ingresos no son fijos se debe hacer un cálculo aproximado. Así mismo si se tiene un negocio propio se debe estimar un salario sobre el cual se pueda presupuestar. El presupuesto se debe ajustar en la medida en que hay variaciones bien sea por incremento o déficit en los recursos. Dentro del presupuesto también se debe cultivar la costumbre del ahorro.

El presupuesto de un hogar cristiano debe incluir ofrendas periódicas (1 Co. 16: 1-2), bien sea a la iglesia o a personas necesitadas, así como también el pago del diezmo. De igual manera debemos pedir al Señor su ayuda para cumplir con el proyecto financiero que nos hemos propuesto y a no gastar más de lo que tenemos.

3.- Hagan compras con sabiduría.

Los hogares de sociedades con orientación capitalista son bombardeados constantemente por los medios de comunicación, creándoles necesidades que los llevan a comprar artículos innecesarios.
Muchas personas compran objetos o bienes materiales no por que los necesiten, sino porque “les gustan o porque estaban baratos”, llegando a ser compradores o consumidores compulsivos.


• Al adquirir artículos comiencen por preguntarse si realmente los necesitan.
• Antes de salir a comprar elaboran una lista de los artículos que necesitan.
• Tómense el tiempo para comparar calidad y precio, visiten varios sitios para tener mas opciones.
• Manténganse en los precios intermedios. No siempre lo más costoso es lo mejor, y recuerden que algunas veces “lo barato sale caro”.
• También es bueno revisar el contenido de los artículos, los ingredientes.
• Aprovechen los tiempos de rebaja, conociendo de antemano las necesidades familiares.
• Si pueden compren al por mayor o en tamaños grandes, o para un tiempo largo. Mensualmente por ejemplo. Cuando se compra a diario se gasta más.


Comprar con sabiduría incluye enseñar a nuestros hijos a desarrollar actitudes bíblicas en cuanto al dinero y a ser responsables en su manejo. Todos los padres tienen que luchar con peticiones de los hijos que, aparentemente, dan por sentado que el dinero aparece mágicamente. 


Muchas veces los hijos piden cosas que no podemos comprar, es allí donde se les debe enseñar la responsabilidad en el manejo del dinero.

En la medida en que los hijos crecen se les puede ir dando una suma semanal para su propia administración. Esto puede comenzar cuando ellos inician sus estudios de primaria. No tiene que ser mucho, y siempre tiene que ir acompañado por una instrucción inicial. 


Otra manera de enseñarles responsabilidad es dándoles trabajo en casa, los cuales pueden ser remunerados con pequeñas sumas, aunque no se debe comunicar la idea de que el hacer un trabajo requiere un pago de los padres.

4.- Eviten los créditos.


El principio de vivir sin créditos muchas veces parece una utopía en la sociedad de hoy. Pocas familias tienen recursos suficientes para comprar vivienda o vehículo, aún electrodomésticos, de contado y generalmente tiene que adquirir créditos a largo plazo. Lo más aconsejable, es que en lo posible, se eviten los créditos, pues ellos nos hacen vivir una realidad que no es la nuestra, por encima de nuestras posibilidades.

De todas formas, si irremediablemente nos toca adquirir créditos, antes de hacerlo examinemos nuestra capacidad de pago, pues si podemos cubrir el préstamo esto se puede convertir en una inversión. Pero si tenemos la posibilidad ahorrar, es mejor hacerlo antes de comprar.

El Señor mismo nos advierte en su Palabra que debemos evitar las deudas:


“El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma

prestado es siervo del que presta”.Proverbios 22:7


“ No debáis a nadie nada”.

Romanos 13:8

Un aspecto que ha traído consecuencias devastadoras a muchas familias tiene que ver con servir de garantes o fiadores a otras personas que después no pueden cubrir su deuda. 


Al igual que el asumir créditos se ha convertido en algo necesario, en muchos casos, servir de fiador o buscar fiadores es algo vital en muchos negocios hoy en día. Lo más lógico es que quienes nos han servido de fiadores en algún momento nos soliciten que nosotros también les sirvamos a ellos.

Si servimos de fiadores o garantes de otras personas evaluemos nuestras posibilidades económicas de asumir la deuda o la disposición de hacerlo. También debemos ser conscientes de que la persona a la que respaldamos (aunque sea un hermano, o una persona muy querida) puede tener la imposibilidad de pagar, a causa de una situación económica apretada, de una enfermedad o aun de la muerte. 


Por eso es que debemos asegurarnos que la persona tenga la posibilidad de pagar, y que está cumpliendo con sus obligaciones a tiempo. De cualquier forma la decisión de servir de fiador a alguien debe ser tomada de común acuerdo, por los esposos, después de haber evaluado muy bien los aspectos anteriormente mencionados.

En cuanto a este aspecto El Señor también nos previene (Pr. 6:1-5):


“ Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un
extraño; más en la multitud de consejeros hay seguridad”
Proverbios 11:15

5.- Provean primero para su hogar.

Este principio parece obvio, pero cuando se examina al interior de muchas familias no resulta tan obvio. Una responsabilidad cristiana que no sólo le toca al esposo, sino también a la esposa y a los hijos que trabajan, es proveer primeramente para los de su casa. Después de suplir para nuestra casa, y si se tienen posibilidades, se puede apoyar a parientes u otras personas.


“Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente
para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un

incrédulo”

1 Timoteo 5:8

Este principio incluye el hecho de pensar en el futuro de nuestra familia, por ejemplo en aspectos como seguros de vida, seguridad social, pensión, etc. Esto es muy importante sobretodo a la hora de enseñar a los hijos a ser responsables con su casa. Si se decide ayudar a alguien fuera de la casa, debe hacerse de común acuerdo con el cónyuge, y no en secreto por querer evitar conflictos dentro de la familia.

6.- Dependan del Señor.

Como se afirmó anteriormente en los principios bíblicos para el manejo de las finanzas “Dios es dueño de todo y nosotros debemos depender de El”. Por esto el dinero o la falta de él no debe quitar la paz en el hogar, ni dañar nuestra comunión. Debemos vivir sin “afán y ansiedad” (Mt. 6:25-34), descansando en el hecho de que Dios conoce nuestras necesidades antes de que le pidamos (Mt. 6:8) y El nos suplirá conforme a su fidelidad.


“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo
que tenéis ahora; porqué el dijo: No te desampararé, ni
te dejaré”
Hebreos 13:5

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