MANEJO DE LOS CONFLICTOS


Cualquiera pensaría que “el matrimonio ideal” es aquel en el cual no se presentan ninguna clase de conflictos. Sin embargo, esto es una utopía. Los conflictos son parte natural de la vida. El conflicto es una realidad ineludible en cualquier relación sostenida, es algo universal; su manejo varía de cultura a cultura; su experiencia es única.

El ser humano fue creado para vivir en relación y eso hace que ineludiblemente tenga diferencias con otros. Todos tenemos sentimientos y actitudes que de vez en cuando chocan con los demás especialmente con aquellas personas con las que convivimos de una manera más cercana. Por esto es que el conflicto hace parte de la vida cotidiana al interior de cualquier familia. El problema no está en que se tengan conflictos sino en la forma como reaccionamos ante ellos (Ef. 4:26).

Es a través del conflicto que llegamos a conocernos como realmente somos; por eso un conflicto bien manejado llegará a ser saludable para cualquier matrimonio. Aun cuando el conflicto es ineludible, sus consecuencias no tienen que ser destructivas. Tenemos que aprender a manejar los conflictos, enfrentándolos de una manera creativa y constructiva.


I.- DEFINICIÓN

Un conflicto es un choque (real o percibido como tal) de intereses, opiniones o actitudes entre personas o grupos. El diccionario Webster define el conflicto como: “Desacuerdo, angustia de ánimo, tensión emocional resultante de impulsos interiores o necesidades incompatibles “.

Confrontar: poner a dos personas en presencia una de la otra (“cara a cara”) para comparar sus afirmaciones.

II.- ORIGEN DE LOS CONFLICTOS.

Las causas de los conflictos en el matrimonio son múltiples y generalmente más de un factor contribuye para que la pareja se confunda y experimente una alteración en su relación. Alguien decía que el conflicto es como el polvo, no se sabe de donde viene pero aparece en cualquier momento y en cualquier parte.

He aquí algunas causa que originan conflictos en el matrimonio:

1.- Conflictos internos. Uno de los factores que origina los conflictos en el matrimonio son los problemas internos o “intrapersonales”. Aquellos aspectos que hemos almacenado en el corazón determinaran nuestro comportamiento (Mt. 12:35).
“Engañoso es el corazón más que todas las
cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”
Jeremías 17:9


Una baja autoestima o un autoconcepto demasiado alto traerá como consecuencia celos, paranoia, inseguridad, orgullo, altivez, etc. (Ro. 12:3).
La ultrasesibilidad y los complejos harán que se tomen posturas autodefensivas.
La culpabilidad hace que el pecado destroce la confianza (Col. 2: 13-14).
La depresión hace perder la objetividad y provoca el aislamiento (Heb. 12:15).


2.- Conflictos contextuales o “extrapersonales”. Existen muchos agentes externos que pueden generar conflictos al interior de la pareja. Pueden ser personas que se involucran con comentarios, chismes, etc., afectando la relación ( por ejemplo los suegros, la familia extendida, los amigos, vecinos o aún personas ajenas) (Pr.16:28).

También se pueden originar conflictos dentro del matrimonio cuando se trasladan al hogar los incidentes que se han tenido con personas en la calle, el trabajo o cualquier otro sitio.

Dentro de ésta categoría de agentes que pueden originar conflicto también se incluyen todos aquellos cambios, aún siendo cambios agradables, que producen tensión en las personas y en las relaciones. Los especialistas han encontrado que muchos cambios, sucediéndose simultánea o muy seguidamente, a menudo producen irritación, desajustes emocionales y hasta depresión profunda. La muerte de un ser querido, la perdida o el cambio de trabajo, la jubilación, un embarazo, el cambio de residencia, la reconciliación matrimonial y hasta los cambios de hábitos y comidas pueden producir alteraciones y llevar al conflicto.


3.- Conflictos interpersonales. Son los más comunes en el matrimonio. El hecho de que tanto el hombre como la mujer sean diferentes los hace susceptibles de entrar en conflictos. Esto no quiere decir que para que no haya conflicto en la pareja y se tengan familias armoniosas los dos tengan que ser copias iguales.

“El hombre y la mujer fueron creados iguales en
esencia a la imagen de Dios, pero maravillosamente
diferentes”


Entre esposos se pueden encontrar muchas diferencias que los pueden llevar a la confrontación:

Costumbres diferentes.
Percepciones diferentes.
Diferencias al actuar.
Diferentes gustos.
Expectativas diferentes.
Metas divergentes.

David Hormachea dice:

“Si Dios nos hizo diferentes para beneficiarnos
mutuamente, no tratemos de ser iguales pues
nos destruiremos paulatinamente”


Otra causa de conflicto entre esposos proviene de los trasfondos culturales de la pareja. Por ejemplo el machismo o el matriarcado son influencias culturales que condicionarán al matrimonio para que copie el mismo modelo, originando así conflictos internos.


III.- REACCIONES NEGATIVAS ANTE EL CONFLICTO.

Teniendo claro que en todo matrimonio existen conflictos también debemos identificar algunas reacciones negativas que tomamos y que pueden afectar la
relación.

Negar el conflicto. Muchos matrimonios no tiene el valor de enfrentar los conflictos y para no herirse más lo niegan. No se tiene en cuenta que un problema sin solucionar, por pequeño que sea (Cnt. 2:15), hará nacer raíces de amargura en el corazón. Tampoco se debe aplicar el “tratamiento del silencio” como medio para evitar la controversia. A veces se escoge esta opción pues parece menos dolorosa, pero el silencio a la larga nunca da resultados. Puede ser que se necesite un momento de silencio pero finalmente se tendrá que enfrentar la situación.

Bien lo decía en sabio Salomón:

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere
debajo del cielo tiene su hora..... tiempo de callar,
y tiempo de hablar.”
Eclesiastés 3:1, 7


Un conflicto sin solucionar sigue una secuencia:

Enojo = Herida = Resentimiento = Amargura = Aislamiento

Trivializar o suavizar el conflicto. Es cuando alguno de los dos cede, asumiendo la culpa, para ser aceptado. Este puede ser un mecanismo de chantaje. También se llega a ceder, a costa de las convicciones o metas personales, pues lo más importante es mantener la relación así ésta sea solo de apariencia.

Retirarse del conflicto. La persona cede y prefiere perder. La meta está en no chocar, aún a costa de las relaciones y de las convicciones. El mensaje que se comunica es “tu no eres importante para mi”. En vez de enfrentar el conflicto se rompe la comunicación, refugiándose en otras actividades como el trabajo, la televisión, etc.

Es una forma de ocultar el conflicto como cuando de esconde la basura bajo la alfombra, esperando muchas veces ante la desesperación del cónyuge, para que el tiempo los vaya resolviendo (Ef 4:26-27).

Culpar o rebotar el conflicto. Es una forma de querer solucionar un conflicto culpando al otro para disculparnos nosotros. Esto fue lo que hizo Adán en el Edén cuando culpó a Eva para salir del problema (Mt. 7:1-5).

Dominar o vencer en el conflicto. Lo grave de esta reacción es que se pretende imponer las convicciones sobre las del otro, aún en forma agresiva, porque no se valora mucho la relación. Es más importante vencer que la persona misma. Si hay una ganador habrá un perdedor. Cuando se tiene esta actitud se ataca al otro hasta aplastarlo (Gá. 5:15).

Espiritualizar o idealizar el conflicto. Es cuando se argumenta acerca de que los conflictos no deben existir pues son malos y destructivos. Lo que se busca es mantener una “fachada de perfección” hacia los demás mostrando una imagen de mucha espiritualidad y falsa santidad (Gá. 6:1-3).

Usar “armas” en el conflicto. Muchas parejas se acostumbran a usar ciertas “armas” en la solución de sus conflictos, las cuales en lugar de ayudarles lo que hacen es agrandar el problema.

Algunas de esas “armas” son:

- La explosión de ira.
- El silencio.
- Las lágrimas.
- Palabras ofensivas.
- Actitudes despreciativas.
- Fingimiento de enfermedades.
- Llevar la contraria.
- Negativa a la relación sexual.
- Amenaza de abandono.- Privación de privilegios.
- Maltrato físico.

IV.- ASPECTOS QUE DEBEN ESTAR PRESENTES EN EL MANEJO DEL CONFLICTO.

Todo matrimonio que enfrenta un conflicto debe saber que la meta no es necesariamente volver al estado anterior a las hostilidades. Tampoco es que se llegue a pensar igual. La meta es enriquecer la relación, crecer en ella, madurar en la relación, aceptando que se puede pensar diferente. Si no se llega a una solución satisfactoria, se debe conceder el derecho mutuo a disentir, y así habrá crecido la relación.

Otros aspectos importantes que se deben tener en cuenta son la amabilidad, el amor y la aceptación como una expresión de interés genuino por el otro. Recuerde que en el conflicto no se buscan vencedores ni vencidos. Recuerde que también se debe tener una buena comunicación donde se escucha más y se habla menos (Stg. 1:19), donde la meta es comprender completamente. Así mismo se debe aprender a perdonar y a pedir perdón. Tanto el perdón y la comunicación son ampliados en otros capítulos.

Muchas parejas enfrentan la dificultad de manejar sus conflictos ellos solos y ven la necesidad de recurrir a otras personas para que los orienten o les sirvan como mediadores. Lo mejor es que no se recurra a terceros a menos que sea indispensable. En tal caso se debe pensar en personas maduras que brinden imparcialidad en el manejo del conflicto. De cualquier forma se debe aplicar el principio de la confidencialidad, es decir que a no ser de común acuerdo no se debe divulgar el problema.

“ El odio despierta rencillas; pero el amor
cubrirá todas las faltas”
Proverbios 10:12

V.- COMO MANEJAR Y RESOLVER CONFLICTOS EN LA PAREJA.

Antes de enfrentar el conflicto se debe ser consciente de que esto sucede en todos los matrimonios, por eso hay que mirar el conflicto como una oportunidad para crecer en la relación. Esto ayudará a que se llegue con una actitud sana, libre de prevenciones y sin intenciones de desquite. Para esto primero se deben analizar los sentimientos y reacciones propias, y así identificar la forma en que uno mismo hace parte del conflicto.

Veamos alguna pautas útiles a la hora de enfrenta el conflicto:

1.- Identifiquen el área de conflicto.

La tendencia de muchos matrimonios está en pretender arreglar de una vez todos los problemas que han dejado sin solucionar en el pasado. De allí expresiones como “llegó el momento de poner los puntos sobre las íes”. No se deben recordar problemas del pasado (Fil. 3:13). Obviamente no se pueden olvidar por completo, pero no se tiene que mencionar todo lo que uno recuerda. El usar datos viejos puede agravar el conflicto. Cada falta tiene su contexto y sólo se resuelve en medio de él. No se aparten del problema que los ocupa. Se debe buscar el problema real, la raíz del conflicto y enfrentarla.

Al identificar el conflicto tome un momento antes de hablar para evaluar si el conflicto justifica que se le gaste tiempo y energía. Muchas veces se pelea por cosas que no valen la pena, y sólo se quiere controlar al otro. Tenga cuidado con la cantaleta, porque suele producir resultados opuestos a los que se esperan (Pr. 27:15).

2.- Prepare el terreno para enfrentar el conflicto.

Pensar en que se debe preparar el terreno suena demasiado frío y lógico. Sin embargo, es mejor aplazar la conversación hasta que haya menos furor y enojo, y entonces si se dialoga con calma. Se debe buscar el lugar adecuado, el momento adecuado y las palabras adecuadas. Además de las palabras se debe cuidar el tono de la voz (Pr. 15:23,28; 21:23; 25:11).

“La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra
áspera hace subir el furor”
Proverbios 15:1


El tomarse tiempo para preparar el terreno no se puede utilizar como un mecanismo para evadir el conflicto, pero si ayudará a no cometer más errores.


3.- Exprese sus sentimientos, aceptando responsabilidades.

Al enfrentar un conflicto generalmente se comienza buscando culpables. Cuando se culpa al otro para evadir la responsabilidad propia, se rompe la comunicación. Al culpar al otro, se le ataca creando barreras de defensa que harán más difícil la solución del conflicto.

Haga reclamos responsables expresando sus sentimientos acerca del conflicto y acepte sus responsabilidades. Admita que usted también contribuyó al problema, para un conflicto se necesitan dos. Recuerde que debe comenzar con el “yo” para no poner obstáculos a la comunicación. Cuídese del sarcasmo (Pr. 12:18).

Se debe atacar al hecho y no a la persona. El conflicto no se debe llevar al terreno personal, es decir a los insultos por aspectos como la apariencia. Si se ataca con insultos se van a recibir insultos, pues se está atacando el valor de la persona.

Si su conflicto es con su cónyuge no desvíe su frustración hacia sus hijos, ellos “no deben pagar los platos rotos”. Si los niños han presenciado una discusión entre sus padres, también deben ver la reconciliación entre ellos, o por lo menos estar enterados de que hubo una resolución al respecto. Así también aprenderán a solucionar conflictos. No se debe hacer referencia a la familia o parientes del otro en la discusión.

4.- Sea honesto acerca de lo que es el conflicto en sí.

Cualquier acusación o reclamo que se haga deberá ser respaldado con hechos. No discuta sobre problemas imaginarios. No pretenda adivinar lo que el otro está pensando o lo que va a decir; no le lea la mente a su cónyuge (Fil. 4:8-9). Diga la verdad con amor, pero tenga cuidado porque puede llegar a disfrazar la grosería con una falsa sinceridad.

Aprenda a escuchar al otro y valide sus sentimientos, pues al fin y al cabo son diferentes. No busque que el otro piense como usted ni que sea una copia suya. La madurez se destaca por la capacidad de respetar la opinión que difiere de la suya. Cuídese de no exagerar con palabras tales como “siempre” o “nunca”.

“Derribando argumentos y toda altivez..... y
llevando cautivo todo pensamiento a la
obediencia a Cristo”.
2 Corintios 10:5


5.- Ofrezca soluciones realistas y manejables.

Cuando se plantean reclamos en la solución de un conflicto también se deben presentar soluciones realistas y manejables, de no ser así la discusión se limitará a criticas y acusaciones (Ro. 14:13). No trate de ser comprendido, trate de comprender. Cuando este equivocado admítalo y pida perdón, recuerde que nadie es infalible y que ninguno está siempre en lo correcto (Fil. 2:1-4). Si tiene la razón es mejor que se calle pues de lo contrario hará sentir mal al otro (Pr. 17:9).
“El que cubre la falta busca amistad; más el que
la divulga aparta al amigo”.
Proverbios 17:9

6.- Busque la ayuda de Dios en oración.

En la solución de conflictos la oración juega un papel importantísimo. No se debe manipular con la oración, tampoco debe ser usada como un mecanismo de escape; por eso no se debe usar la oración para reprender al otro. Antes de abordar el problema se debe orar individualmente para que Dios les muestre cual es el papel que cada uno juega en el conflicto y les de objetividad para enfrentarlo. Después si oren juntos para que Dios los guíe y sobretodo para que los ayude a lograr los cambios acordados.

Dios puede ayudar a solucionar nuestros conflictos, pero nosotros tenemos que hacer nuestra parte. Recuerden que si buscan que Dios se involucre en la solución de su problema, también deben estar dispuestos ha hacer lo que El les manda,. Por ejemplo se debe estar dispuesto a practicar el perdón (Col. 3:12-14).

“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y
orad unos por otros, para que seáis sanados.
La oración eficaz del justo puede mucho”.
Santiago 5:16

Bendiciones.

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