UNA SOLA CARNE




Desde el mismo momento de la creación del ser humano dentro del plan de Dios estaba el que esposo y esposa fueran una sola carne. Desafortunadamente el pecado hizo que ese propósito divino se pervirtiera, sin embargo, ese principio ha seguido vigente durante toda la historia humana. El Señor Jesucristo lo reafirmó en su enseñanza a los fariseos (Mt. 19:4-6), haciéndoles notar que lo que ellos vivían era diferente al plan inicial. También el apóstol Pablo se ocupa del tema (Ef. 5:31-32) llegándolo a considerar como un “misterio”.


“Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su

mujer, y los dos serán una sola carne. Así que no son ya
más dos sino una sola carne”
Mateo 19:5-6

El que los esposos sean una sola carne se da dentro del marco de la creación y tiene diferentes implicaciones. De allí que sea necesario estudiar todo el contexto que rodeó la obra creadora de Dios y su deseo de que fueran una sola carne.


I.- CREADOS A LA IMAGEN DE DIOS.

El relato de Génesis 1 y 2 nos dice que tanto el hombre como la mujer fueron creados a la imagen de Dios. En lo físico el ser humano no era diferente de los animales, sin embargo ellos no habían sido creados a la imagen de Dios. La imagen de Dios está en aquello que diferencia al hombre de los animales (ontológico = el ser mismo), la personalidad. Todo lo que hace del hombre persona, ser autoconsciente, que se comunica, que ama, que piensa, que reflexiona, en todo eso y mucho más se encuentra lo que es “ser imagen”.

El hecho de que tanto el hombre como la mujer sean creados a la imagen de Dios es fundamental para entender que los dos sean una sola carne. Sobre estos aspectos Jorge Atiencia afirma que:

-Los dos tienen igual dignidad delante de Dios, en ambos Dios dejó su distintivo. Esto hace que estén a un mismo nivel para poder relacionarse. Si el uno no ve en el otro la imagen de Dios, la posibilidad de relacionarse, y en consecuencia, de comunicarse desaparece, pues ya no se verán como iguales. En su condición de iguales, delante de Dios, hombre y mujer se respetan.

-A los dos se les dio igual responsabilidad pues ambos recibieron el mandato de señorear la tierra. A ambos Dios les confía la tarea de administrar la creación, a ambos Dios les encarga la reproducción y el cuidado de los hijos (Gn. 1:27-28).

-El hombre y la mujer fueron hechos de tal manera que la mutua aceptación, recibimiento y goce son posibles dentro de la relación.


El genero humano como imagen de Dios es quien lo representa en la tierra. Es decir que en la pluralidad de ser varón y hembra se da la imagen de Dios. Así mismo el ser humano es imagen en la medida en que mantiene su relación con Dios.



“ El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo
hizo. Varón y hembra los creó, y los bendijo, y llamó el
nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados”
Génesis 5:1-2

El ser representante de Dios implica que el hombre y la mujer no solo deben tener hijos y multiplicar la raza, sino que también se refiere a la responsabilidad que tienen de multiplicar y llenar la tierra con la imagen de Dios con la que fueron creados. En su relación los esposos deben reflejar la imagen de Dios de tal forma que ésta se multiplique en las futuras generaciones y así la tierra sea llena de la gloria de Dios.

El hombre o la mujer sin Dios es un producto biológico, pues aunque sigue siendo persona la imagen se ha deteriorado y la relación ya no es armónica. Sin la relación con Dios el hombre pierde su dignidad porque ha perdido su relación. Fue por eso que la imagen de Dios se extravió con la caída del hombre, no se perdió del todo, y aunque sigue siendo mayordomo de la creación tanto su relación con Dios como con su pareja no es armónica (1 Co. 2:14).

Afortunadamente esa imagen deteriorada de Dios en el ser humano se renueva en Cristo para volver al propósito inicial (Col. 3:9-10). El se ha propuesto restaurar su imagen en el hombre y la mujer de tal forma que ellos vuelvan a ser una sola carne. Por eso es tan importante que todo matrimonio viva la presencia de Cristo no sólo en la vida de cada uno de los esposos, sino también en la relación. Es necesario que el matrimonio cristiano siempre dependa de la gracia divina que lo guía y lo lleva a reflejar la imagen de Dios en el seno de su hogar.

“a los que antes conoció, también los predestinó para que
fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo...”
Romanos 8:29

II.- CREADOS PARA SER AYUDA 
IDÓNEA

Probablemente no existe un tema que traiga más controversia que el de la posición de la mujer respecto del hombre. Muchos interpretes han querido encontrar en la narración de la creación de la mujer bases para afirmar que la Biblia enseña la inferioridad del sexo femenino y la superioridad del masculino. Estas interpretaciones están influenciadas por pensamientos “machistas” las cuales han originado una lucha de poderes entre los sexos.
En Génesis 2:18 se lee:



“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo;
le haré ayuda idónea para él”

Dentro del plan de Dios estaba suplir la primera necesidad del hombre: la soledad. Fue por esto que hizo una criatura similar a él, pero maravillosamente diferente a él. Dios creó a la mujer para que complementara al hombre. Ella era totalmente adecuada para él en lo espiritual, lo intelectual, lo emocional, lo físico y lo social. Según Dios, ella fue diseñada para ser la “ayuda idónea” de él.

El hombre no fue creado para la soledad sino para la comunión, para la comunión con el otro. Todo individualismo queda descartado en el plan de Dios. El compañerismo que requiere el hombre no pueden proveerlo los animales a los que él nombra, por eso es que Dios le crea una ayuda idónea.

Esa ayuda no se debe entender en términos de subordinación como si la mujer fuera inferior jerárquicamente al hombre. La mujer no es una “especie de apéndice” o una “ayudante menor” como muchos han considerado a través de la historia. No puede ser considerada como una “ayuda opcional” la cual se puede descartar. El término hebreo ´ezer que se utiliza para “ayuda” aparece veintiún veces en el Antiguo Testamento, de las cuales quince describen a Dios como ayuda. De ser así Dios estaría siendo considerado como una “ayuda opcional”.

El término ayuda idónea se refiere a una relación donde ella es “igual a él”. Como el varón, ella se parece Dios, y comparte con el varón su humanidad. Es una relación mutua de dos personas que se complementan entre sí, de allí que Dios la hace y la presenta como compañera, el hombre la reconoce como hueso de sus huesos y carne de su carne” y le da, no un nombre cualquiera (como en el caso de los animales, sobre los que ejerce dominio), sino el suyo propio:



“Esta será llamada Ishah (varona) porque del Ish (varón)
fue tomada”
Génesis 2:23

Llegar a ser una sola carne implica ser ayuda idónea recíprocamente. Sólo la mujer está en condiciones de complementar al hombre y viceversa. La complementariedad de los sexos no se puede reducir a lo meramente biológico, ella abarca la totalidad de la persona.

Ayuda idónea se refiere a una relación benéfica en que una persona ayuda a sostener a otra como amiga y aliada. De allí que el matrimonio comienza siempre con una necesidad que ha estado ahí desde el principio, una necesidad de compañerismo y complemento que Dios entiende. El matrimonio fue concebido para aliviar la soledad fundamental que todo ser humano experimenta. El plan de Dios diseñó el matrimonio para que los esposos se complementen el uno al otro.



III.- CREADOS PARA SER UNA SOLA CARNE

Ya dijimos que hombres y mujeres fueron creados iguales en dignidad delante de Dios pero “maravillosamente diferentes”. En la relación matrimonial se da la paradoja de la igualdad y la distinción o diferencia entre el hombre y la mujer. Es precisamente en la diferencia donde se enriquecen mutuamente, puesto que no puede existir compañerismo donde no hay diferencias. Nunca puede haber vida masculina ni vida femenina aislada en sí misma.

El que el hombre y la mujer lleguen a ser una sola carne no significa que tienen que negar su personalidad, o su identidad de tal forma que uno absorbe al otro. 

Significa que ambos configuran una nueva personalidad de la cual cada uno participa y aporta, y en la cual cada uno comparte. Ser una carne además implica una entrega de tal forma que al entregarse se valora a uno mismo y se valora al otro. Al entregar el ser éste se hace disponible y está presente para que el otro cuente con él, de tal forma que en ese encuentro ambos hallan la plena realización.

Ser una sola carne no se limita a la relación sexual, sino que además simboliza y expresa la unión de personalidades. El apóstol Pablo amplia el concepto en Efesios 5:28-30 cuando ordena:

“los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos

cuerpos. El que ama a su mujer así mismo se ama. Porque
nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la
sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”

Pablo está queriendo decir que cuando el hombre entra a formar una sola carne con su esposa, al entregarse busca la promoción de ella. El hombre no puede aspirar a nada menos que a esto porque, entonces, el mismo se desvaloriza. Por promoción de ella se entiende el estímulo para su crecimiento (santidad) y la conservación de su identidad (sin mancha, ni arruga). Sólo así el marido inspirará respeto en su mujer y ésta a su vez, valorará y admirará al hombre.

Ser una sola carne es una identificación tal, que siendo una carne, se complementan tanto que llegan a ser “incompletos el uno sin el otro”. Aunque parezca obvio, ser una carne sólo puede darse entre dos, esposo y esposa, es exclusiva de la relación matrimonial. Esto excluye cualquier otro tipo de relación, es decir que aquí no caben ni el adulterio, ni el homosexualismo.

Después de validar el propósito divino para el matrimonio de ser una carne, Pablo hace mención al hecho de que esto es un “grande misterio” (Ef. 5:32), probablemente refiriéndose a las tres implicaciones que tiene ser una carne:

-Dejar
-Unirse
-Desnudez - Transparencia


1.-. Ser Una Carne implica dejar.

El “misterio” que encierra dejar para ser una carne está en el abandono de cualquier otra relación ya que la unión entre esposo y esposa es más fuerte que cualquier otra relación humana, siendo aun superior a la existente entre padres e hijos. Tanto el hombre (Gn. 2:24) como la mujer (Sal. 45:10-11) están llamados a dejar a su familia para unirse y conformar una nueva familia.

Dejar es un misterio pues es muy difícil de explicar que un hombre y una mujer abandonen la relación más estrecha que existe, la de padres e hijos, vinculo que viene desde el mismo vientre de la madre, para unirse y ser una carne con una persona a quien ama, pero con quien tiene una relación de menor tiempo. Realmente es un misterio que sólo se puede entender como la ordenanza dada por Dios desde la creación.

A muchos parejas les cuesta regirse a este principio bíblico para el matrimonio, no están dispuestos a darle el primer lugar a su cónyuge, es por esto que luchan y nunca se ajustan al plan de Dios. Dejar no quiere decir que nunca más se amara y apoyará a los padres, lo que significa es que la persona más importante en la vida después de Dios es la pareja. 

Esto incluye a los hijos pues en muchos casos cuando llegan, ellos se convierten el centro de la familia descuidándose la relación de pareja, esto no va con el plan de Dios. Los hijos no son lo principal en la familia, es la relación de pareja guiada por Dios.

Lo que los esposos no sólo tienen que dejar a sus padres para ser uno, en muchos casos tienen que renunciar a costumbres, hábitos, disciplinas, amistades, etc. que aunque hubieran sido buenos en su casa paterna, no necesariamente van a ser buenos en su nueva familia. Cuando no se esta dispuesto a dejar, lo más seguro es que se busque imponer lo propio, desconociendo a la otra persona, llegando así a causarle serios daños y deteriorando la relación.

2.- Ser Una Carne Implica unirse.

El “misterio” del matrimonio también está encerrado en llegar a unirse. Desde luego, como se anotó anteriormente, esto implica estar dispuesto a entregarse completamente en espíritu, alma, y cuerpo (1 Ts. 5:23), es llegar a amar con el corazón, la mente y todas las fuerzas (Mr. 12:30-31). Esto es un misterio ya que en el matrimonio siempre se debe tomar la iniciativa sin esperar que el otro lo haga. El marido debe amar a su esposa y así ella lo respetará, igualmente ella debe respetarlo y así él la amará; ninguno debe esperar a que el otro de el primer paso, siempre deben arriesgarse a tomar la iniciativa.

El unirse debe llevar a los esposos a ser fieles en todo. Pablo le dice a los maridos que así como Cristo hizo con la iglesia deben hacer ellos, es decir santificarla y purificarla (Ef. 5:26-27). Igualmente las esposas que se unen a sus esposos se sujetan a ellos honrándolos, dándoles bien y no mal como la “mujer virtuosa” de Proverbios 31:11-12.

Unirse para ser una carne llevará a los cónyuges a procurar el bien del otro, a no buscar el interés personal, a librarse del egoísmo, a perdonar cuantas veces sea necesario, a vivir el amor que se describe en 1 Corintios 13. Al unirse los esposos necesitan de la gracia de Dios para llegar a ser un matrimonio auténticamente cristiano.

Quien describió en una forma perfecta lo que significa estar unidos en matrimonio fue El Señor Jesús cuando dijo:

“Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separé el hombre”

Mateo 19:6

Esto quiere decir que la unión matrimonial es para siempre. El matrimonio cristiano no puede considerar la separación o el divorcio ni siquiera como la última opción. 

Cuando se entiende que es Dios quien sostiene el matrimonio y que si se vive de acuerdo a sus principios, no habrá nada que pueda acabar con él. Quien considera el divorcio, así sea como la ultima opción, no estará dispuesto a luchar por su matrimonio sino que en cualquier dificultad optará por esa opción. Quien separa lo que Dios junto dará cuentas a Dios por lo que hace.

3.- Ser una carne implica desnudez -transparencia.

La consecuencia de dejar y unirse para ser una carne se evidencia en la desnudez, la transparencia que debe reflejar el matrimonio que cumple con el plan de Dios. Una relación conyugal donde hay transparencia es una relación donde hay un conocimiento total y una confianza absoluta del uno con el otro. La transparencia no permite que haya cosas ocultas, no hay secretos entre esposos que están desnudos en espíritu, alma y cuerpo.

En un matrimonio con transparencia se vence el temor a darse a conocer como realmente se es. Allí el esposo y la esposa no sólo conocen las virtudes de su cónyuge, sino que también conocen los defectos y errores, de tal forma que se aceptan tal y como son y se apoyan. Es por esto que la transparencia sólo se puede dar en una relación matrimonial pues para eso se requiere de mucha intimidad.

“Y estaban desnudos, Adán y su mujer, y no se

avergonzaban”
Génesis 2:25

El contraste de la relación entre el hombre y la mujer antes de la caída y después de ella se refleja en el nivel de transparencia que hay entre ellos. Antes de la caída no se avergonzaban, eran inocentes, se aceptaban como eran, vivían en armonía aún con sus diferencias. Después de la caída se pierde la transparencia, se vuelven egoístas, se avergüenzan de lo que son, tienen temor, sienten dolor, se juzgan y se culpan mutuamente, se rompe la armonía.

Es por esto que El Señor quiso restaurar la relación matrimonial a su estado inicial. El quiere que al ser una carne todos los matrimonios sean verdaderamente transparentes sin importar que los cónyuges sean imperfectos. Por esto simboliza la relación de amor entre Cristo y la Iglesia, donde El Señor la ama y acepta tal como es y se propone santificarla en El. Sólo el amor de Dios puede llegar a sostener una relación entre dos seres imperfectos como lo son el hombre y la mujer; de allí que sea real en todo matrimonio lo que dijo Salomón:

“El amor cubrirá todas las faltas”
 Proverbios 10:12



Bendiciones
Jorge y Luz Elena

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