ENSEÑANZAS EN LA MENORÁ


El Tabernáculo y todos sus muebles tiene enseñanzas y tesoros escondidos de los que podemos aprender hermosos principios espirituales a aplicar en nuestra vida.

El aceite depositada en la menorá simbolizaba al Espíritu Santo, la misión de Israel era brillar en toda la tierra, allá por donde peregrinaban.

Era labor de Aarón y sus hijos cuidar la luz y entre sus muchas labores debían ir cortando la mecha que estaba en el aceite a medida que ésta se quemaba y reponer el aceite cada día, a las 9 de la mañana y a las 3 de la tarde.

Era un trabajo constante. El aceite, simboliza la obra y la gracia del Espíritu Santo fundada sobre la obra de Cristo en la Cruz, así que, de igual manera, nuestras lámparas deben estar encendidas en todo tiempo e ir cortando, como se hacía con la mecha, todo lo que impide que la luz de Cristo se vea través de nuestra vida.

Si no dejamos que el Espíritu Santo obre en nuestras vidas, nos apagamos.

Por tanto, debemos dar participación ACTIVA al Espíritu Santo, es decir, debemos dejar que Él nos enseñe y nos guíe a obrar a la manera de Dios, siempre a Su manera.


Nuestra misión principal es dar a conocer a Cristo 
donde quiera que estemos y la única estrategia que necesitamos es el poder del Espíritu Santo obrando en nuestra vida.

Somos lámparas con el propósito de contener aceite puro.

No es religión es vida, la vida de Dios obrando en nosotros y existe unos síntomas para comprobar si nuestra vida está sujeta a una religión o si llevamos una vida de relación plena con Dios.


Los síntomas que nos indican que solo estamos regidos por una religión son los siguientes:

* Pérdida del Primer Amor.

* Caer en errores doctrinales.

* Sordera espiritual.

* Estado de tibieza.

Examinemos nuestra vida para saber si tenemos algunos de estos síntomas y pongámosle remedio pidiendo ayuda al Espíritu Santo.

En la menorá no se debía mezclar el aceite puro con gotas de otro tipos de aceite, de igual manera no debemos permitir “gotas” de mundo en nuestra vida.

El llamado de Dios es 
“SIN SANTIDAD NADIE LE VERÁ”

Alumbramos solo a través del Espíritu Santo, no es según lo que creemos o a nuestra manera.

El llamado es volver a la santidad. Fieles hasta el fin y si somos fieles hasta el fin, al pueblo de Dios le espera:

* Autoridad sobre todas las naciones.

* Fruto del árbol de la vida.

* Corona de vida.

* Escapar de la muerte segunda.

* Maná escondido.

* Nuevo nombre.

* Vestidos blancos.

* Escuchar como se lee nuestros nombres en el Libro de la Vida.

* Jesús anunciando al Padre y a los ángeles que le pertenecemos

* Columnas en el Templo de Dios para nunca más salir de allí.

* Sentados con Cristo en Su Trono.



¿No es hermoso? ¡Seamos fieles hasta el final!

El Espíritu Santo purifica, consagra y santifica nuestra vida. Dejemos que sea Él el actúe en nosotros y de esta manera empezaremos a amar la justicia y a aborrecer la maldad. Démosle valor a lo que Dios le da valor.



¡Es tiempo de comenzar!



Apocalípsis 2:5-7


¡Mira hasta dónde has caído! Vuélvete a mí y haz las obras que hacías al principio. Si no te arrepientes, vendré y quitaré tu candelabro de su lugar entre las iglesias; pero tienes esto a tu favor: odias las obras malvadas de los nicolaítas, al igual que yo.
»Todo el que tenga oídos para oír debe escuchar al Espíritu y entender lo que él dice a las iglesias. A todos los que salgan vencedores, les daré del fruto del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios”




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